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Capitulo 2
El amanecer estaba cerca, pues el sol se estaba elevando más allá de las montañas. Todo el reino de Terra estaba dormido y solo se escuchaba el sonido de algunas aves que empezaban a despertar, pero en el palacio era diferente.
En un rincón muy apartado del jardín se encontraba jane. Siempre en las mañanas se levantaba más temprano que nadie para poder practicar sin que nadie la molestara, pero ¿Qué practicaba? Pues ella practica el uso de la espada y de las artes mágicas.
Se decía que algunos humanos, suficientemente conectados con la naturaleza, posen dones más allá de los humanos comunes pero estos eran muy sutiles y solo pocos tenían capacidades de poder usar estos dones con fines de batalla.
La familia Stewart era una de estas contadas personas, pero solo se le tenía permitido aprenderla a los varones al igual que el uso de la espada. Por eso, cada mañana antes de que se levanten los sirvientes, jane se va al rincón más inexplorado (salvo por ella) y pone a prueba su habilidad mágica desde hace 13 años atrás.
Sabía que estaba quebrantando las reglas de su familia y que sería severamente castigada si se llegaran a enterar que ella podía usar la espada al igual que la magia, que por cierto era muy buena en eso.
Las gotas de sudor se deslizaban por su frente y su respiración era muy agitada. Tenía que intentarlo una vez más. Cerró los ojos durante unos momentos, concentrándose en la energía que quería transmitir a la espada. De golpe los abrió lanzando un golpe con la espada describiendo una forma diagonal, lanzando una potente luz que se dirigió a un árbol que estaba en el medio. La luz pasó el árbol sin dar muestras de que haya ocurrido algo, pero segundos después, se oyó un ruido y el árbol cayó, partido en diagonal en dos.
-¡eh, chico! Bonita técnica- grito alguien desde la muralla.
Jane volteo a ver quien había sido, pero reconocía esa voz burlona en donde fuese. Con una sonrisa en rostro, observo a Stephan sentado en la muralla por el rabillo del ojo. Su sonrisa se hizo más grande, la había confundido con un chico; no era de sorprenderse pues llevaba las ropas de cualquier plebeyo: una camisa sin mangas de color verde oscuro, por la cintura llevaba una cinta color azul oscuro para usarla como cinturón de un pantalón negro y unos zapatos del mismo color, su cabello estaba recogido por un paliacate del mismo color que su playera. Además, no se le podía distinguir porque no
tenía demasiado busto.
-tu dragón, ¿quieres pelear?-ofreció jane con una sonrisa sin levantar la mirada.
-eso suena interesante- dijo Stephan mientras saltaba y se lanzaba contra jane
La pelea fue intensa, por una parte jane era buena lanzando ataques mágicos dificultando un poco las cosas a Stephan sin mencionar las buenas estocadas que le daba, pero Stephan no se quedaba atrás. Había hecho crecer sus garras para igualar la pelea. Los dos recibían y daban golpes sucesivamente. La pelea duro más de 30 minutos sin que ninguno cediera.
-¡hasta aquí llegaste, Stephan!-exclamo jane
Salto, levantando con una mano la espada y la otra extendiéndose adelante de él, una luz intensa apareció en su mano pero en vez de lanzársela la luz resplandeció mas hasta dejar por unos momentos deslumbrado a Stephan.
Stephan sintió que algo lo golpeaba debajo de la barbilla, lo que hizo que perdiera el equilibrio y callera de espaldas. Cuando por fin pudo ver, el filo de la espada le levantaba el mentón para que observara el rostro del chico que lo venció, en vez de la figura de un
muchacho encontró la figura de jane, que estaba siendo aureolada por una luz blanca.
-creía que los dragones eran más fuertes- rio ella con sarcasmo
-solo me tomaste desprevenido- dijo Stephan esbozando una sonrisa burlona
Jane le ofreció la mano para levantarse, que el acepto con un poco de resentimiento, ¿Cómo es que una chica le gano? Al tocarse los dos sintieron que una descarga eléctrica pasaba por sus cuerpos así que quitaron las manos rápidamente y desviaron la vista, algo sonrojados los dos.
-será mejor que regrese o me regañaran- musito jane después de unos momentos
-te acompaño- dijo Stephan.
Así los dos empezaron a caminar hasta el palacio. Después de subir hasta la alcoba de jane Stephan se quedo esperando mientras ella se daba un baño.
Su habitación era muy grande y muy iluminada. Su cama tenía un dosel muy bonito y su ropero media dos metros. Su tocador tenía un espejo enorme que reflejaba toda la habitación.
-“la habitación es hermosa…al igual que la dueña-pensó Stephan. Sacudió un poco la cabeza después de eso ¿en qué demonios estaba pensando?
-¿Qué tanto miras?-pregunto una voz a sus espaldas. Se volteo a ver a jane y lo q vio lo dejo sorprendido
Jane vestía con un hermoso vestido blanco que se pegaba muy bien a su cuerpo y unos zapatos blancos, su cabello estaba recogido en un chongo pero algunos mechones estaban sueltos de forma elegante.
-¿Qué?-pregunto jane
-nada, solo que te ves bien- contesto Stephan sin pensar
-¿tú crees?-pregunto con sarcasmo, pero en su interior se expandió una ola de calor que le acaricio las mejillas- a mi no me gustan mucho los vestidos, pero me los tengo que poner.
-ahora veo porque tiene tantos pretendiente-pensó de nuevo.
-si te me quedas viendo así volverás a perder- le atajo jane adivinando lo que pensaba.
-no volveré a perder contigo, pequeña jane- sonriendo de oreja a oreja le acaricio la cabeza
-¡no me digas pequeña!- exclamo.
Los dos se empezaron a reír hasta que se quedaron sin aire. Unos momentos de silencio invadió el lugar.
-oye…ayer estabas tocando muy bonito, ¿Por qué no tocas otra vez?-pidió Stephan en voz baja y rehuyendo de su mirada, porque se había sonrojado.
Ella también estaba sonrojada, pero asiento con la cabeza. Fue despacio hasta su tocador y cogió su pequeña flauta y volvió a sentarse en la cama. Lentamente las notas fueron saliendo del pequeño instrumento, haciendo recordar y dejando que los arrastrara esa fuente de recuerdos.
Pasó mucho tiempo desde que empezó a dar el pequeño concierto, después de eso se pusieron a platicar de las cosas que les gustaba hacer, pensar o decir. Se fueron conociendo más y más. A cada palabra que daba jane los ojos de Stephan brillaban de una manera perturbadora, intrigado y maravillado por aquella humana que lo salvo sin conocerlo y jane se maravillaba de aquella creatura tan espectacular que tenía en frente.
La noche callo antes de que los dos se dieran cuenta de aquello y eso significaba decir un hasta luego por parte de uno de ellos.
-antes de que te vayas…-empezó jane.
-¿sí?
-mañana mi padre va a dar una gran fiesta de antifaces y me gustaría…que tu asistieras- dijo bajando la voz y la mirada pues estaba totalmente roja
Mientras esperaba que el la dejara con un no, unos cálidos brazos la rodearon. Esta reacción hizo que levantara la vista y lo que encontró fuer que Stephan estaba sonriendo con aquella sonrisa burlona y un poco de color en las mejillas.
-no me lo perdería por nada- susurro mientras besaba la frente de la chica para desaparecer después.
En la noche ninguno de los dos pudo dormir. Esperaban con ansias la gran fiesta, por una parte, jane esperaba decirle a su padre que ya había encontrado a un hombre con quien se quería desposar y por Stephan para pedir la mano de jane, después de todo también él era un noble.
El sol ya se estaba poniendo y los invitados llegando al evento. Stephan, como no tenía invitación, tuvo que saltarse la muralla para poder entrar. Esa noche en verdad estaba guapo: había “tomado prestado” unas ropas, un saco negro y una playera negra y tanto el pantalón como los zapatos eran negros y no podía faltar el sencillo antifaz negro.
Se empezó a pasear entre los invitados para no llamar tanto la atención. Había muchos nobles, jóvenes caballeros que al parecer buscaban la mano de la hermosa princesa, hizo un gesto de desagrado. Las trompetas empezaron a tocar y todos voltearon a ver las escaleras. Estas eran muy grandes ya que tenía un descanso en medio y continuaban. El rey estaba en medio.
-¡bienvenidos queridos invitados!- exclamo con voz jovial- ¡gracias por haber venido a esta fiesta, en honor a mi hija, jane Stewart!- exclamo mientras todos veían las puertas que se abrían al principio de la escalera. Jane estaba hermosa, traía puesto un vestido largo rojo con pequeños diamantes alrededor, su antifaz era de color dorado que le cubría media cara y su cabello estaba recogido en un sofisticado chongo con varios bucles alrededor.
Todos se le quedaron viendo y eso molesto un poco a Stephan, pero tenía que admitir que se veía hermosa. Jane fue bajando despacio hasta donde estaba su padre y lo tomo del brazo. Los dos fueron bajando hasta donde estaban los invitados.
-¡muy bien, ahora que comience el baile!- anuncio el rey Héctor.
Todos los jóvenes le acercaron a jane para sacarla a bailar, pero Stephan fue más rápido que todos ellos y la llevo hasta el centro de la pista, echando chispas por los ojos.
-¿Qué?-pregunto jane-¿te preocupa un poco de competencia humana?-el sarcasmo era tan evidente que los dos sonrieron.
-claro que no- contesto-yo le podría ganara a todos esos debiluchos…solo por bailar contigo- lo ultimo lo dijo en un susurro pero jane lo alcanzo a oír y desviaron la vista, sonrojados.
Los dos siguieron bailando por bastante tiempo, desalentando a los demás jóvenes por las miradas que les enviaba Stephan. Al fin el rey pidió la atención de los invitados de nuevo. Jane se separo de Stephan a regañadientes y fue hasta el lado de su padre.
-mis queridos invitados- comenzó- estamos reunidos hoy, no solo para celebrar esta fiesta sino para darles un aviso muy importante. Como todos sabrán, mi hija jane ha estado buscando pretendiente desde hace mucho tiempo, sin éxito, pero me complace anunciarles que hoy ¡ya tenemos prometido!- exclamó muy contento.
Las reacciones de los dos fueron comprensibles: a jane se le descompuso la cara de la sorpresa y del horror y Stephan, al saber que ya estaba comprometida salió deprisa del palacio para no ver al que le iba a quitar al amor de su vida.
Las trompetas empezaron a sonar y las puertas se abrieron. Jane no podía creer lo que veía. Por fin había encontrado al perfecto…idiota.
Era alto y fornido, su cabello huero y lacio caía hacia los lados de forma rebelde y tenía unos ojos azules. Por la vestidura era evidente que era muy vanidoso, traía una capa roja y todo lo demás era un traje blanco con dorado. Llego hasta donde estaba jane y le cogió la mano para besarla.
-encantado de conocerla, me llamo Howard Johnson y yo se que usted será una buena esposa para mí- se inclino para besar la mano de jane pero ella lo aparto.
-¡nunca más vuelva a decir que yo seré su esposa!- grito
-¡jane el va a ser su esposo y punto!- espeto su padre cuando vio a su hija.
-¡jamás en esta vida! ¡Es la peor cosa que ha hecho en mi vida padre LO ODIO!
Al oír esto su padre la quiso abofetear pero ella paro el golpe con una mano. Sus lágrimas amenazaban con nublarle la vista pero tenía que ser fuerte. Stephan se había ido, pues sabía lo que aquello significaba y en cuanto mas pensaba en esto su ira aumentaba así que opto por lo más sensato en ese momento: salir corriendo para no lastimar a nadie.
Su cuarto estaba a oscuras, pero no le importo, cerró la puerta de un portazo y se echo a la cama a llorar. Se suponía que esta noche seria estupenda ¡le iba a pedir su mano el chico que le gustaba! No podía creer que todo se había complicado de aquella manera. La cara de Stephan la perseguía aun con los ojos cerrados, su expresión de dolor era un reflejo del suyo. A millas se notaba que el tal Howard era un verdadero idiota y que no permitiría ver nunca más a Stephan, no la dejaría tener libertad…a menos que…
Rápidamente se puso de pie, se quito el vestido y se deshizo el peinado que traía. Fue a su armario para tomar las ropas de plebeya y se puso las ropas de chico, se recogió el cabello con el paliacate sin dejar rastros que lo tenía largo. Cogió un morral para meter todo le que le hacía falta, tomo su espada y lo más rápido que pudo se escabullo fuera del castillo no sin antes dar una mirada a lo que estaba dejando.
-sé que esto es egoísta, pero quiero pasar el resto de mi vida con aquel que yo amo de verdad-pensó mientras se alejaba corriendo del palacio.
Editado por noriko yikue en 08-dic-2008 a las 08:40 .
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