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Baka neko >.<
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Basado en la película Crepusculo pero con una buena cantidad de cambios debido a la imaginación del autor  . Kagome ha llegado a un nuevo pueblo y cosas muy extrañas estan por sucederle. Disfruten
Capitulo I :
“Ya estas lista?”, su padre iba a llegar en cualquier momento a llevársela, la idea no le gustaba en lo más mínimo, pero era algo que tenía que hacer por la felicidad de su madre, ya tenía diecisiete años y no podía ser una carga en su nuevo matrimonio, ya no era una pequeña de la que podía cuidar tan fácilmente, “hai okaa san, en un momento bajo”, le respondió tratando de fingir una voz entusiasta mientras hacía sus maletas. Sus padres estaban separados desde que tenía memoria, no era algo que la afectase demasiado porque sabía que los dos la querían y se preocupaban por ella, pero lo que si la afectaba era la soledad de su madre, se veía feliz, la cuidaba, hacía todo lo que una buena madre debía hacer, sin embargo conforme fue creciendo se dio cuenta del vacío que ella sentía y ahora por fin se había vuelto a casar, no podía ser un impedimento para la felicidad de su madre, es más ella estaba muy contenta de que por fin hubiese encontrado a alguien con quien pasar el resto de sus días, ‘si es que no pasa lo mismo que con papá’, pensó con un aire bromista encogiendo los hombros. “Kagome chan, tu padre esta aquí, hazme el favor de bajar”, le escuchó decir a su mamá, “hai hai”, le respondió cerrando su maleta, era algo pesada, estaba llevando toda su ropa y lo necesario, de ahora en adelante viviría con su padre hasta nuevo aviso, así lo había decidido.
Bajó las escaleras, jalando con algo de trabajo la maleta detrás de ella. Parado en el marco de la puerta estaba su padre con su uniforme de policía, en realidad para la edad que tenía su padre era muy apuesto, alto, de piel blanca y cabello de un negro profundo, sus ojos eran cafés, así como los de ella, “Kagome”, le dijo en un tono solemne, ella le sonrió, siempre estaba tan serio. La mujer de cabello corto observaba el intercambio entre padre e hija, al parecer su ex marido nunca iba a cambiar, siempre estaba tan serio, siempre tan educado, de esa manera no podría relacionarse bien con su hija, y ella estaba seguro que tendría uno que otro problemita ya que ella era una adolescente, pero él se había ofrecido a pasar tiempo con ella, quería recuperar, aunque a su manera, todo el tiempo que había perdido cuando se separaron y aunque Kagome aceptó rápidamente por la razón equivocada, confiaba en que todo saldría bien para los dos, su hija otra vez iba a volver a ese pueblito tan extraño del que ella salió corriendo porque no aguantaba más. Al principio no estaba muy segura, pero su hija insistió, además ya habían pasado diecisiete años, era otra generación la que estaba ahí, seguramente todo iba a ser mucho mejor. Se acercó a su hija y le dio un beso en la frente, “cuídate mucho y diviértete Kagome chan, asegúrate de llamarme todos los días”, le dijo con una gran sonrisa y la joven abrazó a su madre para luego darse media vuelta y caminar hacia el auto de su padre, “las puertas están sin seguro, puedes entrar”,la muchacha hizo como le dijeron y su padre se quedó por unos instantes más en donde lo había dejado. “Cuida de ella Tohru”, el hombre asintió, “nuestra hija a crecido mucho y esta muy hermosa”, fue lo único que le respondió haciendo una pequeña reverencia y despidiéndose, nunca había dejado de amar a su esposa, pero las cosas sucedían porque así estaba escrito en los pergaminos del destino. La puerta se cerró delante de ella y sintió como su corazón daba un pequeño vuelco, aquella sensación se hizo aún más notoria cuando escuchó el encendido del motor del auto en el que iba su hija, no había querido decir nada, pero tenía un extraño presentimiento, “tonterías mías”, murmuró dirigiéndose a su dormitorio, ella también tenía que hacer sus maletas, después de todo era una recién casada , pero durante todo el momento que se tomó en acomodar sus cosas y esperar por su esposo no podía dejar de sentir en el pecho aquella extraña sensación.
Kagome observaba los paisajes pasar por la ventana de la camioneta de su padre, ‘adiós Tokyo’, su padre la estaba llevando a aquel pueblo a las afueras de Kyoto, dónde el era jefe de policía; la muchacha dio un suspiro, ‘por lo que decía mamá estoy segura que él es toda la policía’, pensó moviendo la cabeza de lado a lado, lo ideal sería que se fueran en tren, pero su padre prefería su fiel camioneta, “en cuanto llegaremos?”, preguntó con la mirada puesta fijamente en la ventana abierta que tenía a su lado derecho, “unas tres horas”. La muchacha simplemente se limitó a asentir, a pesar de todo, no tenía ese grado de comunicación con su padre, podía sentir que de rato en rato él la observaba, tal vez esperando que ella iniciase una conversación o algo por el estilo; pero la verdad era, que ella, ella ni siquiera sabía que decirle, solamente esperaba que las cosas le fueran bien allá a donde estaba yendo. Era su último año de colegio, y solamente quería algo de tranquilidad, normalmente ella era una persona muy animada, pero allá no iba a conocer a nadie, esperaba poder hacer amigos, realmente esperaba que todo le fuera bien, en Tokyo había dejado a todos sus amigos, ‘realmente espero que todo vaya bien’, pensó mientras cerraba los ojos, lo mejor para que un viaje pasara rápido era dormir, dormir para no darse cuenta de la lentitud con la que pasa el tiempo.
Tohru Higurashi manejaba observando atentamente el camino frente a él, de rato en rato observaba a su hija que desde hace unos minutos se había quedado dormida, había crecido mucho, hace un par de años que no la veía debido a la creciente taza de crímenes en el lugar donde él trabajaba y en ese lapso de tiempo se había convertido en una pequeña mujer, estaba muy orgulloso de ella, pero le dolía el no poder comunicarse bien con ella, no había dicho ni una sola palabra en todo el tiempo que había estado despierta, esperaba que eso mejorase y por eso estaba muy contento de la decisión que había tomado, en el pueblo la recibirían muy bien, de eso estaba seguro y no tendría problemas para hacer nuevos amigos porque todos sabían que ella era hija suya; por otro lado, invadiendo sus pensamientos estaba los acontecimientos en su pueblo de nacimiento, los asesinatos habían terminado desde hace ya unos meses, esa era otra de las razones por las que había decidido llevarse a su hija consigo de regreso al pueblo, pero aun le molestaba el hecho de no haber capturado al responsable o los responsables de aquellos crímenes, ‘aquellos cuerpos, era como sí..’, decidió dejar de pensar en eso, ahora debía hacer todo lo posible para que la estadía de su hija fuese placentera.
El hombre estacionó su camioneta frente a su casa, al lado derecho se encontraba su patrulla de policía, la observó por unos instantes, apagó el motor de su auto girando la llave hacia la izquierda y bajó dirigiéndose a la maletera para sacar el equipaje de su hija, era una maleta moderadamente grande de color azul marino, gracias a Kami tenía esas pequeñas rueditas que servían de mucha ayuda para casos como este, había estado despierto toda la madrugada y no tenía muchas ganas de cargar semejante peso. Cerrando la maletera detrás de él, pasó por el lado de la puerta donde su hija aún estaba durmiendo y tocó la ventana, Kagome abrió los ojos inmediatamente dando un bostezo, enderezo su asiento y leyó los labios de su padre, “ya llegamos”, la joven abrió la puerta y salió de la camioneta abrazando el abrigo que tenia puesto, hacía un poco de frío. Su padre abrió la puerta y pasó junto con la maleta, la casa era de dos pisos, era grande, tenía todos los muebles necesarios, estaba igual que como su madre la había dejado antes de irse, “vamos, te mostraré tu habitación”, le escuchó decir y ella siguió detrás de él, subieron las escaleras y al final del pasadizo una puerta abierta la estaba esperando; la dejó entrar primero para que se familiarizara con el lugar, las paredes de su habitación eran de un rosa pálido, había un escritorio de madera muy bonito, con una computadora, la cama era de madera y la cabecera había sido tallada a mano con un diseño de flores entrelazadas como en una enredadera, el edredón era blanco también muy bonito y a primera vista pudo observar el closet y el baño que estaba dentro de su dormitorio, su corazón dio un pequeño vuelco, se notaba que su padre se había esforzado mucho por hacerla sentir cómoda, sentía pequeñas lágrimas comenzar a formarse, pero no lloraría, eso haría que su padre se sintiese mal y ella no quería eso, al principio no estaba muy contenta con la idea de llegar a vivir a ese lugar, pero ahora sabía que su padre se estaba esforzando y eso la hacía sentir bien, “arigatou otou san”, le dijo con una gran sonrisa abrazándolo, sintiendo entre sus brazos la rigidez de su padre, aún así siguió, no importaba, sabía que su carácter era así y que por dentro estaba muy complacido con su reacción.
Tohru Higurashi se quedó por unos instantes, congelado, queriendo evitar que un suspiro escapara sus labios, estaba verdaderamente feliz de que su hija estuviera complacida con el dormitorio que había preparado para ella y aunque aquel abrazo lo tomo por sorpresa, podía sentir aquella familiar calidez surgir en su pecho. Después de unos segundos se separó de su hija, “puedes ir acomodando tus cosas si lo deseas, iré a preparar algo de comer”, Kagome asintió con una gran sonrisa y su padre salio del dormitorio cerrando la puerta detrás de él. La muchacha prosiguió a acomodar todas sus cosas, le habían dicho que a la escuela a la que iba a asistir solamente usaban uniforme los de primaria, los de secundaria podían ir con la ropa que virtualmente se les diese la gana. Aproximadamente una hora parecía haber pasado, la joven ya estaba abajo en el comedor almorzando junto con su padre cuando tocaron la puerta, estaba a punto de levantarse cuando la interrumpieron, “yo abro”. Escuchó sus pasos dirigiéndose hacia la puerta, cuando la abrió y luego su voz llena de emoción, “Kagome ven aquí”, la joven dejo los cubiertos en la mesa, se limpió la boca y caminó hacia la puerta, cuando levantó el rostro observó frente a ella a un hombre muy apuesto y uno muy parecido a él pero notablemente mayor sentado en una silla de ruedas.
“Pero como has crecido, si yo te vi cuando apenas eras una recién nacida”, le dijo con una gran sonrisa y Kagome sonrió nerviosa, “Kagome el es Sasuke, mi mejor amigo”, la muchacha nuevamente sonrió y le hizo una reverencia, el hombre sonrió calidamente, “te presento a mi hijo, Kouga”, el muchacho la observó de pies a cabeza, aquellos ojos de un celeste tan claro y profundo, un color que nunca antes había visto la observaban divertidos, “mucho gusto Kagome”, le dijo guiñándole un ojo y la muchacha se sonrojó, jamás había visto un muchacho así, tan exótico como sus ojos, era alto, tenía el cabello negro y muy largo amarrado en una cola de caballo, su piel era de un tono bronceado que contrastaba con sus profundos ojos celestes, aquellos ojos que para la sorpresa de Kagome eran tan claros que parecían no tener pupilas, ‘hermosos’, pensó dándose cuenta que lo estaba observando descaradamente, provocando que mueva la cara de improviso hacia otro lado, podía sentir como la temperatura de su cuerpo subía debido a la vergüenza que estaba sintiendo. “Y a que se debe tu visita”, le escuchó preguntar a su padre, agradeciendo que interrumpiera el momento, por alguna razón mientras ella sin darse cuenta se había quedado observando los misteriosos ojos de aquel muchacho había sentido que el también la estaba observando fijamente. “Vine a darte la bienvenida, como debe ser Tohru”, le respondió el hombre en la silla de ruedas, era muy parecido al muchacho llamado Kouga solo que en las líneas de su rostro, aunque no muy profundas, era notorio el paso del tiempo, su cabello era del mismo largo que él de su hijo y al igual que él lo llevaba amarrado, la única diferencia era que él no llevaba una banda de lo que parecía ser piel en la frente y sus ojos eran de un profundo negro.
De un momento a otro su padre había cogido las manijas de la silla de ruedas y se había llevado al hombre hacia un lado, solo Kami sabe de que estarían conversando, pero se sintió un poco incomoda una vez que la dejaron junto a aquel joven. “Así que tu eres la famosa Kagome Higurashi”, la muchacha levantó una ceja, “famosa?”, él le sonrió y ella pudo notar que tenía una sonrisa muy sinvergüenza, llena de una frescura increíble, “pero claro, si eres hija del jefe del policía”, le respondió y aún esa sonrisa no se borraba de su rostro, se acercó unos milímetros más, “y además… eres muy bonita”, le susurró y ella no pudo evitar sonrojarse y alejarse unos pasos de él, respiró profundo no quería ser mal educada, pero resultaba que era un poco pesado, “Kouga kun ne?”, le dijo con su suave tono de voz y el asintió observándola cuidadosamente, “bueno, por lo menos llegaré a la escuela teniendo un conocido”, dijo sonriendo dulcemente y por unos instantes el joven se quedó callado y con algo que parecía decepción, observó el suelo mojado por la lluvia de hace algunas horas, “yo voy a la escuela estatal, la que esta a las afueras del pueblo, me parece que tu vas a ir al instituto él que esta en el centro”. Al escuchar eso el entusiasmado rostro de la muchacha cambió de un momento a otro, “que pena”, le respondió con sinceridad, y él nuevamente se quedó perdido observándola, hasta que aquella sonrisa sinvergüenza volvió a aparecer adornando sus finas facciones, “pero no te preocupes Kagome chan, yo iré a visitarte donde quiera que estés”, la joven sonrió, verdaderamente era un confianzudo, pero por alguna extraña razón le había caído muy bien, “jajaja, y como se supone que vas a saber el lugar exacto?”, le dijo bromeando y como hace un rato volvió a guiñarle un ojo, “el pueblo es muy pequeño Kagome chan, créeme, no será muy difícil”, sonaba muy confiado y por unos instantes le creyó, pero decidió tomarlo por una broma, y simplemente comenzó a reír. Otra vez Kouga se quedó simplemente observándola.
“Kouga, regresemos, debemos arreglar algunas cosas en casa”, le escuchó decir a su padre y el muchacho hizo una pequeña reverencia despidiéndose de la muchacha, “nos vemos luego Kagome”, ella sonrió amablemente, “hai”, el hombre en silla de ruedas se despidió de ella y de su padre y los dos se alejaron por la acera, mientras ella entraba a la casa, tenía que terminar de comer y luego ir a la librería y preparas sus cosas, mañana comenzaba la famosa escuela. Sugimi observaba el paisaje algo confundido, se le hacía muy raro que su hijo estuviese callado, normalmente estaría hablándole de cualquier cosa, una sonrisa picara apareció en sus labios, “Kouga que te ha sucedido”, le dijo sin recibir respuesta alguna, “acaso la hija de Tohru ha dejado sin palabras al gran Kouga líder de la tribu del este, Kouga que no sucumbe ante los encantos de ninguna mujer”, aquella exclamación logró la atención de su hijo y pudo escuchar detrás de él un pequeño gruñido, “padre no estoy para bromas, sin embargo debo aceptar que es la humana más hermosa que e visto en mi vida”, Sugimi tuvo que contener las ganas de reír ante el tono soñador con él que su hijo había dicho aquella frase, decidió no molestarlo más, parecía que estaba muy concentrado en sus pensamientos, además el también tenía cosas muy importantes en las cuales debía pensar, como la invasión de su territorio.
El joven empujaba la silla de ruedas de su padre ausentemente mientras pensaba en la sonrisa de esa muchacha, era muy hermosa, su cabello de un extraño negro azulado, su piel blanca con un saludable tono rosado que pintaba sus labios de un rosado aún más fuerte, ojos grandes y brillantes que solo le hablaban de inocencia, podía oler su nerviosismo cuando la estaba observando la manera en que sus mejillas se tiñeron de un color rosa cuando le dijo que era muy bonita y la verdadera decepción que sintió cuando le había dicho que él no iba a su escuela, apenas lo conocía y sin embargo parecía tan abierta y amigable, era linda muy linda, y generalmente las humanas no pasaban de ser comunes y corrientes, pero ella era diferente, no era solo su belleza externa, tenía algo más, algo que llamaba su atención, algo que no podía nombrar porque ni siquiera él sabía que era. Siguió empujando la silla de su padre, todavía recordaba que había puesto a ese gran hombre en esa silla y quien, siguió caminando, mañana comenzaba las clases y ellos seguramente ya habrían vuelto después de las vacaciones de verano, esos malditos no aguantaban un clima soleado y saludable, si no se mantenían en donde habían prometido hacerlo tendrían problemas y ahora con la llegada de Kagome tendría un pretexto más para rondar esa escuela.
--->Hola  e vuelto ! espero que el concepto de esta nueva historia sea de su agrado y decidan seguir leyendo mi nuevo fic  porfavor no se olviden de dejarme sus valiosos comentarios,ellos me ayudan a seguir escribiendo los quiero 
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