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Baka neko >.<
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Capitulo III :
Se sentó a su lado y sintió un pequeño escalofrío, no tenía el valor de girar el rostro aunque sea para observarlo por curiosidad como haría una persona normal, no podía, aunque sentía que él la observaba fijamente, ella no podía hacerlo, y cuando se armó de valor, se arrepintió casi al instante de haberlo hecho.
Caminaba pensando en que haría el día de hoy, tendría que llevar clases que ya había llevado incontables veces en su vida, tenía más años de lo que diez de los humanos de ese lugar sumarían, y sin embargo debía seguir con aquella farsa porque así se lo había prometido a su padre; sin embargo, lo que más detestaba no era llevar esas clases, por lo menos tenía algo que hacer con su tiempo libre. Lo que en realidad detestaba, eran las miradas atónitas de todos los humanos que se cruzaba durante el día, sobre todo la de las mujeres, y el día de hoy no había sido la excepción.
Se suponía que como todas las incontables veces anteriores, este era el primer día de su último año escolar. Como siempre, ingresaron al salón y absolutamente todos se quedaron callados, observándolos, en realidad él no tenía ningún problema con eso, estaba acostumbrado, aunque las mujeres humanas parecían animales idiotizados al observarlo, no tenía ningún problema. La razón por la que de verdad las detestaba era porque hacían sentir muy incomoda y nerviosa a su hermana menor, Rin. Ella siempre había sido retraída y muy callada, a la única persona que se acercaba a parte de su padre era a él, pero cada vez que sucedía eso, cada vez que un humano se le acercaba comenzaba a temblar, podía sentirlo, podía olerlo, era como si le tuviese un miedo indescriptible a los mortales.
Se sentaron a la meza, a la de siempre, la que estaba al lado del ventanal, todo acabó en unos minutos, las cosas en la cafetería habían retornado a la normalidad y Rin parecía estar más calmada ahora que no estaba bajo las miradas de los humanos. Pero después de unos instantes volvió a sentirlo, una mirada, una sola que se había quedado observándolo, volteó de improviso buscando ahuyentar a quien sea que fuere y se dio con unos grandes ojos marrones llenos de curiosidad, brillantes y expectantes, ojos que cuando se toparon con los suyos inmediatamente cambiaron de dirección al igual que el rostro que los llevaba, rostro que se comenzó a teñir de un tono rozado. Se trataba de una onna, una que no había visto antes, seguramente era nueva. Durante el pequeño instante en el que sus miradas se cruzaron, tuvo tiempo de observarla, debía admitir que le parecía un tanto peculiar, pero el pequeño jalón que le dio su hermana en la camisa lo sacó de sus pensamientos, “onii chan, ya es hora de que Rin regrese a clases”, le dijo en aquella voz que solamente salía en susurros, el asintió y se levantó, sin prestar atención a los dos que estaban frente a él, solamente permanecía con ellos porque su padre le había impuesto esa obligación.
Dejó a su hermana en el edificio de primaria, las maestras siempre lo recibían sonriente, parecían gentiles. Estaban fingiendo, podía olerlo, solamente querían acercarse a él, sus desagradables aromas, lo único que querían era acostarse con él. Los dos edificios estaban rodeados por bosque, así que llegó en cuestión de segundos a la clase de biología, se sentó en el sitio que le habían asignado, había hablado con el director para que hicieran el favor de darle un asiento en solitario, aunque fuese como en este caso, en un laboratorio, donde las mesas de práctica estaban dispuestas para dos alumnos. Todo iba como normalmente, hasta que ella entró al salón.
Había llegado unos minutos más tarde, desde donde estaba podía escuchar como le pedía disculpas a la anciana que enseñaba el curso por su demora y también pudo escuchar cuando le dijo que hiciera el favor de sentarse a su lado. Podía percibir que estaba nerviosa, él estaba esperando percibir ese desagradable aroma que emanaban las mujeres cuando se acercaban demasiado a él, por el contrario, simplemente sentía la ansiedad de la muchacha. Aún así no era saludable para él permanecer al lado de los humanos, no solo por que le parecían desagradables, sino por una razón más importante, estaba a punto de levantarse y salir de ahí, cuando sintió aquel aroma, no era lo que él esperaba, era dulce, delicioso, se quedó paralizado por unos instantes y comenzó a sentir aquel familiar escozor en las encías, sus ojos se abrieron unos milímetros y sus pupilas comenzaron a dilatarse, en un reflejo se cubrió los labios con la mano derecha y apoyó su codo en la meza, tratando de respirar y contener su instinto, el aroma seguía emanando de ella, sentía como sus glándulas salivales comenzaban a segregar líquido y ahí fue cuando ella volteó el rostro.
Kagome respiró profundo y se armó de valor para voltear a verlo, planeaba presentarse ya que lo más seguro era que como estaban sentados en la misma meza de laboratorio el siguiente semestre les iba a tocar hacer las asignaciones juntos. Jamás se había sentido tan nerviosa, él era muy apuesto y todo, pero si no fuese por lo que ocurrió en la cafetería no se encontraría en esas condiciones, si no fuese porque él literalmente la descubrió observándolo no se sentiría tan avergonzada, pero tenía que hacerlo, así que volteó con algo de rapidez para agilizar la situación, pero cuando lo hizo y observó su rostro, de repente comenzó a sentirse mal consigo misma.
Tenía la mitad del rostro cubierto por una de sus manos, la camisa que llevaba se había remangado mostrando que también en el brazo tenía unos tatuajes muy parecidos a los dos que estaban en sus mejillas, sus ojos, la estaba observando como si algo de ella, o ella le desagradara completamente, como si estuviese asqueado de solo verla. La joven se observó disimuladamente, tratando de encontrar algo que estuviese mal en su apariencia o si tuviese algo que pudiese ser desagradable a los ojos de los demás, no encontró nada, lo cual la confundió aún más, él seguía mirándola, parecía asqueado, hasta que por fin retiró su mano de sus labios y la recorrió de pies a cabeza con los ojos, se levantó y salió del salón sin decir nada.
Kagome se quedó sentada observando hacia el sitio ahora vacío, sentía un nudo en la garganta, que podía ser tan desagradable sobre ella o sobre su aspecto que le provocara salir así del lugar, hasta la maestra se había quedado completamente sorprendida. Se apoyó en la meza y deja la hora de clase pasar, después de todo era la primera así que solo hablarían de los objetivos del curso y lo que harían en el resto del semestre. Cuando terminó la clase Kagome se dirigió hacia secretaría, debía recoger sus papeles para regresar a casa, pero cuando llego inconcientemente se quedó en el marco de la puerta, sus pies no querían seguir avanzando, “necesito que me cambien de clase, no tendrá algún otro horario de Biología”, le escuchó decir, la encargada le sonrió y movió la cabeza de lado a lado, “lo siento mucho Sesshoumaru, pero tendrás que quedarte en esa clase, no podemos hacer ningún cambio, las listas de los profesores ya han sido impresas”, él di un pequeño golpe en el estante y pasó caminando por su lado, sin siquiera darse cuenta que ella estaba ahí.
Su voz era grave y profunda muy varonil, pero las palabras que había escuchado salir de su boca la habían dejado aún más descompuesta emocionalmente, seguramente quería cambiarse de clase por su culpa, tanto era el desagrado que le tenía?. La muchacha olvidó completamente para que había ido hasta allá y caminó para salir del edificio, ni siquiera escuchó cuando sus amigos la estaban saludando y se ofrecían a acompañarla hasta su casa, estaba sumergida en sus pensamientos, tratando de descifrar que cosa tan desagradable podía haber hecho y podía haber tenido para causar semejante reacción en alguien que ni siquiera conocía.
Sesshoumaru subió al auto junto con su hermana menor, su medio hermano y aquella mujer, aún no podía quitarse de la cabeza aquel delicioso aroma, jamás en sus dos centurias de vida había sentido una necesidad tan desesperante de beber la sangre de un humano, era como si el cuerpo de esa niña le estuviese pidiendo que se alimentara de él, por que eso era a su lado, una niña, una mocosa de diecisiete años como mucho. Su medio hermano notó el pequeño indicio de molestia en su rostro y decidió que era el momento perfecto para fastidiarle la paciencia, “Sesshoumaru que te sucedió, parece que no has tenido un buen día”, le dijo con esa sonrisa estupida que lo caracterizaba. El joven dio un gruñido, “acaso no quieres hablar?”, “será que una de las humanas no pudo resistirlo y se lanzó a tus brazos”, siguió molestando el muchacho, provocando que otro gruñido saliera de los labios del mayor, “te sugiero que dejes de molestarme HIBRIDO, no querrás que te quite esa estupida gorra que siempre llevas para que todos se enteren la desagradable criatura que eres en realidad”, le respondió, escuchando el siseo de su medio hermano, sabía que con eso lo mantendría callado.
“Inuyasha, tranquilízate”, le susurró la pálida mujer que tenía al lado, “hazle caso a tu mujer híbrido, ella sabe lo que dice”, culminó Sesshoumaru observando hacia la ventana escuchando los gruñidos de él que él consideraba un simple mocoso, su sangre estaba contaminada y ya era hora que comprendiese su lugar, solamente le hacía caso a esa mujer y era lo mejor que permaneciese de esa manera si no quería salir herido o hasta muerto.
Cuando por fin logró tranquilizarlo sus pensamientos comenzaron a viajar hacia esa estupida humana con la que había tenido el desagrado de cruzarse, tendría que salir al anochecer, no era problema, con tal de que no ingiriese la sangre de humanos, podía hacer virtualmente todo lo que se le diera la gana, ‘estúpido Inu Taisho, es el único que se opone a su naturaleza’, pensó, si tan solo pudiera probar sangre humana de nuevo, de solo pensarlo se le hacía agua la boca, ya vendría el momento en que podría deshacerse de Inu Taisho, y así Sesshoumaru y todo lo que tienen sería solamente suyo. “Sesshoumaru sama, ya llegamos”, le escuchó decir al chofer, la hora de camino se había pasado muy rápido, seguramente era porque cada uno estaba muy ocupado con sus pensamientos, todos bajaron se la camioneta y se adentraron en el bosque, en la parte más profunda los esperaba una hermosa construcción, un pequeño palacio con la estructura y decoración de los palacios del Japón Antiguo, el palacio de Inu Taisho sama.
Al día siguiente la muchacha sufrió exactamente el mismo pesar para poder levantarse, esta vez se había acostado tarde no por haber estado haciendo deberes o preparando cosas para su próximo día de clases, había estado pensando toda la noche en lo que había sucedido en su clase de biología y a pesar de haberse pasado una buena cantidad de horas dándole vueltas al asunto no le encontraba motivo ni solución así que por fin a las tres de la mañana había decidido dejarlo en paz. Ahora estaba sufriendo para bañarse y cambiarse, pero al asomarse por la ventana su humor mejoró considerablemente, estaba lloviendo, y a ella le encantaba la lluvia, así que sonrió bajando las escaleras ya vestida y con sus cosas en mano. No había tenido mucho tiempo para conversar con su padre ya que el había llegado muy entrada la noche y pensaba que ella ya estaría durmiendo, así que en la meza le preguntó que tal había estado su primer día de clases, ella le contó lo necesario resumiendo todo en que le había ido muy bien, la verdad era que estaba desesperada por salir y sentir la lluvia sobre su rostro, “si quieres te llevo en la camioneta”, le dijo su padre y ella sonrió moviendo la cabeza de lado a lado, “no te preocupes otou san, aún es muy temprano, además prefiero ir caminando”, el asintió y así se despidió de su padre, saliendo con su paraguas por la puerta principal.
Al sentir la fría brisa sobre su rostro una sonrisa iluminó sus labios, le encantaban la lluvia y el clima frío, así que tranquilamente se fue caminando hacia la escuela. Cuando llegó aún faltaban quince minutos para que comenzaran las clases, la mayoría de los de último año estaban en el estacionamiento conversando en distintos grupos junto a sus autos, era normal, a esa edad todos ya tenían auto, todos menos ella, no le gustaba mucho la idea de manejar, su vista recorrió todo el lugar y observó a la derecha a sus amigos del día anterior saludándola con la mano, ella repitió el saludo con una sonrisa, estaba a punto de dirigirse a ellos cuando su mirada la llevo al otro extremo del estacionamiento, a donde se encontraban las escaleras para subir hacia el edificio del colegio, allí estaban parados Sesshoumaru, Kikyou y el de la gorra Inuyasha, bajando de una camioneta muy grande y a la vista lujosa, al parecer el que la había estado manejando era Sesshoumaru ya que él estaba saliendo de la puerta del conductor, de nuevo cruzó miradas con él, pero esta vez ella no quiso quedarse ni un segundo más observando se sentía muy mal con lo sucedido el día anterior. Kagome comenzó a caminar para dirigirse hacia donde estaban sus amigos, el piso del estacionamiento estaba demasiado resbaloso, seguramente era por la lluvia. Siguió caminando y ahí fue cuando todo pasó.
Fue en cuestión de segundos, Kagome estaba caminando para dirigirse hacia dónde estaban Sango y todos los demás, continuaba pasándole por la mente que el piso estaba increíblemente resbaloso y ni siquiera supo por qué, era como si alguien la estuviese llamando silenciosamente, ‘onee chan’, había escuchado en su mente, seguramente era su imaginación, ‘onee chan’, escuchó de nuevo y sintió la necesidad de girar su rostro hacia la izquierda. Allí estaba parada la pequeña de cabello negro, la que le había parecido una muñequita cuando la vio el día anterior, que cosa hacía ahí, que estaba haciendo parada frente a un auto, estaba a punto de seguir caminando cuando escuchó los gritos de una de las muchachas que estaba en el extremo de la puerta del estacionamiento, “cuidado, se va a estrellar”, Kagome volteó un auto se aproximaba, se estaba resbalando por el concreto y por el rostro del que lo estaba manejando estaba tratando de pisar los frenos pero no estaba logrando nada, volteó hacia el otro lado y se dio cuenta que se estaba dirigiendo hacia donde estaba la pequeña niña y ella no estaba haciendo nada por moverse.
Kagome tiró sus cosas en el suelo y corrió lo más rápido que pudo, corrió como nunca había corrido antes y llegó hacia donde estaba la pequeña Rin, la levantó en sus brazos y estaba a punto de salir de ahí, el auto se estaba acercando cada vez con más rapidez y todos a su alrededor estaban gritando para que alguien hiciera algo, sin embargo ninguno era capaz de moverse de su sitio, ya casi lo había logrado, pero una de sus zapatillas resbaló en un pequeño charco y calló de rodillas al suelo escarchado, comenzó a temblar, sabía que el carro venía a toda velocidad, él que lo iba conduciendo estaba gritando como desquiciado a todos que se moviesen, pero ella ni siquiera tenía fuerzas para levantarse, “onee chan”, le dijo la pequeña niña, todo fue en cuestión de segundos. Ella le sonrió y la abrazo poniéndola contra el otro auto y protegiéndola con su cuerpo, mientras le daba la espalda al auto que venía deslizándose por el concreto a solo un par de metros de ella, “todo va a estar bien”, estaba lista para recibir aquel impacto, seguramente no saldría viva. Pero antes de que aquel fuerte golpe la cegase para siempre lo único que llego a ver fue una cortina de sedosos cabellos plateados a su lado.
Habían regresado de dejar a Rin en el edificio de primaria y estaban bajando del auto, Kikyou les estaba diciendo que pronto comenzaría la temporada de caza y que era mejor estar preparados, era cuestión de tiempo para que se encontrasen con los lobos. La había visto llegar y no pudo evitar mirarla, le resultaba enigmática, después de todo fue la que provoco el resurgimiento de sus bien controlados instintos, habían cruzado miradas pero al parecer la humana no quería saber nada con él, Sesshoumaru levantó una ceja, era la primera vez que le sucedía semejante cosa, sin embargo, de un momento a otro gritos comenzaron a escucharse y los tres voltearon a observar lo que sucedía, al parecer los frenos de un imbécil no funcionaban muy bien ya que venía deslizándose por toda la pista, “ese maldito idiota va a estamparse contra algún carro”, le escuchó decir a su medio hermano, “siempre tienes que ser tan vulgar hermanito”, le había respondido, cuando escuchó el grito de la mejor de las atletas de la escuela, “por el amor de Dios que alguien haga algo, las van a matar”, Sesshomaru volteó y observó que contra un auto estaba esa muchacha, la de la clase de biología, estaba agachada, parecía que estaba protegiendo algo y cuando miro con más cuidado, “Sesshoumaru es Rin”, grito su medio hermano, ella era aún muy pequeña para utilizar sus habilidades no le daría tiempo, pero esa mujer, esa mujer la estaba protegiendo, sin siquiera pensar lo que hacía el joven desapareció de donde había estado parado y se interpuso entre el auto que venía a toda velocidad y la joven abrazando a su hermana menor, la única que se dio cuenta de que él había aparecido de la nada fue Kagome que al levantar la mirada lo vio, agachado con un puño sobre el lado del auto, lo había hundido hasta partirlo en dos.
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Hola, disculpenme la demora, es que el 09 fue mi cumpleaños y me fui unos días a la playa =D , bueno gracias a los que han leido mis dos capitulos hasta ahora, espero que este tercero les guste (:, sobre los dialogos, en realidad ponerlos entre comillas es mi manera de escribir, a mi me gusta narrar y siento que separandolos no se... como que me separo un poco de lo que estoy narrando, pero bueno es mi manera de escrbir y siempre he escrito así, espero que no les moleste mucho .. (: espero que lo disfruten, nos vemos la próxima, gracias por haberme dejado sus comentarios !
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