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Baka neko >.<
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Capitulo IV :
Kagome no había soltado ni siquiera por un segundo a la pequeña que estaba en sus brazos, estaba congelada, parecía como sí no estuviera viva, ‘seguramente es por el susto’, pensó su mente aún anonadada con lo que acababa de ocurrir. Seguía sin soltarla, observando como una tonta la marca irreparable que había dejado el puño derecho de Sesshoumaru sobre el lado izquierdo del auto que casi causa un gran accidente, o peor aún casi acaba con su vida.
Absolutamente nadie cuestionó como era que él había aparecido en medio del choque, ni siquiera se preguntaron como de repente el auto paró en seco, solo se escuchaba un gran bullicio mientras todos formaban un círculo alrededor de los afectados.
Sesshoumaru sacó su mano de donde la había puesto para prevenir la colisión, se irguió y observó a la muchacha, aún estaba abrazando a su hermana, pero lo miraba totalmente desconcertada, “¿cómo?”, fue lo único que ella logró musitar y el decidió no darle importancia a la pregunta, la cogió de la mano y ella sintió nuevamente esa piel tan fría, tenebrosamente fría. La levantó del suelo obligándola sin intención a soltar a su hermana menor. Un quejido moderadamente fuerte salió de los labios de la humana, ‘sangre’, tragó saliva, “¿te encuentras bien?”. Kagome lo miró a los ojos, las piernas le dolían terriblemente, “hai”, le respondió con una sonrisa, después de todo ella tenía esa facilidad, no importa por que problemas o condiciones adversas estuviera pasando, ella siempre podía sonreír, sonreír era la mejor medicina para todo.
Él se la quedo mirando, que extraña era esa humana, hace unos minutos había estado a punto de perder la vida por salvar la de su hermana menor, ¿por qué estaba sonriendo?. Estaba a punto de bajar la mirada, el olor de su sangre venía de sus piernas, su hermana lo detuvo, “onii chan”, susurró. Aquella voz tan débil los hizo voltear a los dos, “onii chan”, volvió a llamar la pequeña niña, levantando los brazos para que su hermano la alzara en los suyos; el joven ni siquiera se inmuto, su rostro no traicionaba ninguna emoción ya sea de preocupación o de afecto, “Rin”, fue lo único que le dijo levantándola del suelo. La niña se abrazó de su cuello y le susurró algo al oído, mientras Kagome observaba toda la escena enternecida, “muchas gracias por haberme salvado la vida”, le dijo la muchacha al alto joven de cabellos plateados, a punto de darse la media vuelta, “gracias por haber protegido a mi hermana”, fue la respuesta del joven quien le hizo una pequeña reverencia, la cual la hizo sentirse muy avergonzada, provocando que se sonroje, poniendo sus manos frente a su rostro, “no es necesario que, no lo hice por qué , yo…”, trataba de explicar nerviosa. Él estaba aún más desconcertado ahora que antes, se comportaba como si no hubiese pasado nada, como si todo fuese algo cotidiano para ella, como si no se diera cuenta del acto tan valiente y honorable que llevó a cabo.
El sonido de las sirenas de una ambulancia y el auto del departamento de policía los sacó a todos del estupor, Sango, Miroku y Bankotsu se habían acercado a Kagome para saber si se encontraba bien, estaban comenzando a apabullarla y ella solamente quería que la dejaran tranquila, no era para tanto. Por otro lado, estaban Rin y su hermano mayor, nadie se acercaba a ellos, sin embargo los muchachos comenzaban a murmurar que Sesshoumaru habría estado al igual que Kagome pasando justo por él lado en que se iba a dar el choque, misteriosamente, nadie podía explicar por qué razón el auto que había venido deslizándose tenía una abolladura irreparable y el auto contra el cual Kagome, Rin y supuestamente Sesshoumaru se habrían apoyado no tenía ni un solo rasguño.
Al escuchar las sirenas Kagome trató de observar si era lo que se temía, pero la multitud a su alrededor no la dejaba ver nada, estaba a punto de dar un suspiro de alivio, cuando escuchó la voz de su padre, ‘oh genial, simplemente genial’.
Tohru había recibido una llamada a su oficina, ni bien escuchó que en la escuela de su hija acababa de ocurrir un accidente, salió con una patrulla para allá y por precaución decidió llamar a una ambulancia. Cuando llegó observó la multitud de muchachos alrededor de lo que parecía ser el lugar del accidente, mientras iba de camino, la directora de la escuela le estaba comentando que al parecer uno de los autos de los jóvenes habría perdido el control debido a lo resbaloso del asfalto y habría estado a punto de colisionar con uno de los autos estacionados, lo grave era que en medio de los dos había una persona, esperaba realmente que no fuese nada grave. “Abran paso”, demando con su fuerte tono de voz, y lo que vio entre los dos autos no le gusto absolutamente nada.
Su hija estaba parada en medio de los automóviles con el pantalón que se había puesto al salir de casa destrozado en la parte de las rodillas, estaban sangrando y no se veían nada bien, le observó el rostro para ver si le había ocurrido algo, para su alivio solo estaba muy pálida, pero a su lado se encontraba el hijo mayor de Inu Taisho cargando a su hermana menor que parecía haberse adherido a su cuello. Tohru respiró profundo, tenía que mantener a calma, el cargo que ocupaba así se lo demandaba. Se acercó a su hija y puso su mano sobre su hombro derecho, “Kagome te encuentras bien”, la muchacha volteó, pero él ni siquiera la dejo hablar, “muchacho explícame lo sucedido”, le dijo volteando a ver a Sesshoumaru, quien simplemente asintió, a pesar de que el era una centuria y media mayor que ese hombre, siempre había tenido mucho respeto por las personas honorables y adultas, así que le explicó lo que aconteció según su punto de vista, cuando por fin terminó, el oficial de policía tenía un rostro notoriamente ofuscado y serio, llamó con una señal a los enfermeros de la ambulancia y les indico que se llevaran a la pequeña niña y a su hija para que las revisaran en el hospital del pueblo, “otou san, estoy bien, de verdad yo ..”, intentaba decir Kagome mientras los auxiliares la subían a la camilla pero su padre ni siquiera se molesto en voltear a verla, “no es para tanto”, murmuró rendida, siendo distraída por una pequeña y gélida mano que tomaba la suya “arigatou onee chan”.
El oficial abrió la puerta del vehículo que casi ocasiona un lamentable accidente y jaló del cuello al conductor, un joven alto y delgado, estaba temblando y sudando frío, al parecer se había quedado en shok, “has el favor de subir a la patrulla, y te voy advirtiendo que puedes irte olvidando de tu licencia de conducir”, le dijo provocando que el muchacho trague saliva y haga como le habían indicado. “Sesshoumaru, será mejor que tu y tu hermano vayan al hospital, tu padre esta de guardia y estoy seguro que él querrá explicaciones”, el joven asintió y caminó hacia donde había estacionado su auto, “súbanse”, le dijo a su medio hermano y a Kikyou mientras flexionaba los dedos de su mano derecha. Tohru revisó por unos instantes el lugar, en el suelo estaba la sangre que había salido de las piernas de su hija, podía ver las marcas de las llantas en un intento de frenar del conductor del auto que se había ido deslizando, pero algo que lo desconcertó fue aquella inmensa abolladura en el auto del causante del accidente, como era posible semejante golpe si el auto de en frente no tenía ni un rasguño.
Durante todo el viaje la niña no había soltado su mano, quizá se había acostumbrado ya que en unos minutos había dejado de sentir la frialdad de esa pequeña mano, “¿te encuentras bien Rin chan?”, ella volteó el rostro y Kagome la observó a los ojos, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, se veían tan tristes. “Hai onee chan, gracias por ayudar a Rin”, ella le sonrió y unos minutos después habían llegado al hospital. En realidad parecía una clínica, estaba en muy buenas condiciones y era un lugar muy bonito para tratarse de un hospital; las bajaron a las dos en camilla, Kagome estaba un poco ofuscada, no creía que lo que le había sucedido fuese para tanto, seguramente habían personas que de verdad necesitaban atención y estaban haciendo tanto alboroto con ella cuando solamente tenía unos rasguños en las rodillas que pudieron haber sido causados por una caída de la bicicleta o algo parecido. La dejaron en un consultorio junto a la niña que aún no la soltaba de la mano, “otou sama vendrá a curarnos onee chan”, le susurró y ella le sonrió, “hai, tu papá es médico no Rin chan?”, fue la primera vez en que vio esos ojos tan tristes brillar por unos segundos, “hai otou sama wa isha desu”.
En la camioneta absolutamente nadie decía una sola palabra, Inuyasha estaba demasiado sorprendido para si quiera molestar a su hermano, no podía creer que Sesshoumaru hubiese arriesgado el ser descubierto para salvarle la vida a esa humana, ‘iie, recuerda que Rin también estaba en peligro’, ese pensamiento hacia ver menos extraño aquel suceso. Aquella onna, el también la había visto el primer día, resaltaba de todos los demás, era muy bonita, pero eso no era lo que le llamaba la atención, había algo de ella que simplemente la hacía diferenciarse de los demás, se preguntaba, que podría ser. Él no era muy apegado a su hermana, al menos no desde que llevó a Kikyou a la casa, una semana después de que Kikyou comenzara a vivir con ellos, Rin había dejado de hablarle para siempre, ya ni siquiera se acercaba a él. Había estado en peligro, pero esa humana le había salvado la vida, lo mínimo que le debía era agradecimiento.
Por otro lado, Kikyou observaba por la ventana, esa maldita humana entrometida, si tan solo ese auto hubiese aplastado a la mocosa su vida sería un poco más fácil, pero no, tenía que haberse metido y ahora que más lejos la quería, más cerca iba a tenerla. Ayer había ido a buscar a la persona que necesitaba, pero no la encontró. Hoy en la noche iría por él y finalmente se desharía de esa escoria humana antes de que se entrometiera más en su vida.
Kagome no podía dejar de pensar en la manera en que Sesshoumaru les había salvado la vida, ella estaba segura de haberlo visto a la altura de la puerta de entrada al edificio de la escuela cuando llegó, era imposible, humanamente imposible que llegara hasta donde ellas estaban en tan corto tiempo. Pero de todas formas eso no era lo que más la desconcertaba, la manera en la que detuvo al auto, ella escuchó el golpe, escucho el sonido que hacía el material del automóvil al destrozarse debajo del puño de Sesshoumaru, aquello era imposible. Estaba a punto de seguir dándole vueltas al asunto, cuando el sonido de la puerta del consultorio la hizo levantar el rostro, al igual que a la pequeña niña.
Al observar a la persona que entraba por la puerta la joven nuevamente se quedó sin palabras, el hombre en bata blanca que se acercaba a ella con una cálida sonrisa era muy apuesto, muy parecido a Sesshoumaru, tenían el mismo cabello plateado, la única diferencia era que él lo llevaba atado en una cola de caballo y que en el rostro llevaba tatuajes diferentes a los de su hijo mayor. La joven observó los ojos del doctor, ahora sí estaba más que segura, sus ojos eran dorados. “Y bien, ¿qué tenemos aquí?”, le escuchó decir, su voz era profunda, pero al igual que en su rostro, a pesar de tener un parecido con Sesshoumaru, se notaban en él, el paso de los años, no era que se viese viejo, se veía más maduro.
“Kagome Higurashi verdad?”, ella asintió con una sonrisa mientras el doctor observaba sus rodillas, “eso no se ve muy bien”, le dijo, en su rostro se reflejaba genuina preocupación. Caminó hacia un perchero y sacó una bata color blanco, “ve detrás del biombo y sácate el pantalón, luego te pones la bata, debemos curar esas heridas cuanto antes”. La muchacha se paró de la camilla y recién cuando puso los pies sobre el piso sintió un fuerte dolor recorrer sus piernas provocando que casi pierda el equilibrio, Inu Taisho la sostuvo de los hombros, “camina despacio Kagome chan, se nota que ha sido un golpe muy fuerte”, le sugirió sonriente, algo de él le daba mucha confianza, así que camino hacia el biombo con más lentitud de la que hubiese querido y empezó a desvestirse.
Inu Taisho observó a su hija menor, no tenía ni un solo rasguño como era de esperarse, pero cuando le dijeron lo que había sucedido se quedó más que sorprendido, esa adolescente estaba con las rodillas en carne viva por haberle salvado la vida a su hija. La cogió debajo de los brazos y la ayudó a bajarse de la camilla, “Rin, tu hermano debe estar en camino, ve a la sala de espera y cuando llegue dile que me espere, que quiero hablar con él”, la jovencita asintió y su padre acarició la parte de arriba de su cabeza, “le agradeciste lo que hizo por ti, sabes que es algo muy importante no Rin?”, le dijo y ella nuevamente asintió, indicándole con la mano que se agachara por que le quería decir algo. El alto hombre se agachó a la altura de su hija y ella jaló suavemente su cabeza para tener la oreja de su padre a la altura de su boca, “Rin sabe que Rin no iba a morir en ese accidente, onee chan es muy buena , onee chan salvó a Rin y la abrazó para que no le pasara nada”, la observó darse media vuelta y salir del consultorio, desde la muerte de su madre había tenido esa manía de hablar y referirse a ella en tercera persona, no había quien se la quitase así que decidieron dejarla ser, sin embargo, algo que le sorprendió fue encontrarla de la mano con la joven, normalmente Rin no se acercaba a nadie y mucho menos le hablaba, pero parece que al final si le había agradecido. Una sonrisa apareció en los labios del doctor, esperaba que esto fuese una buena señal.
Kagome salió del biombo. Mientras se quitaba el pantalón pudo observar por primera vez el estado de sus rodillas, tenía que admitirlo se veían muy mal. Cuando salió se dio cuenta que Rin ya se había ido, eso la alegró, si se fue tan rápido significaba que no le había sucedido nada grave, así que con la ayuda del doctor subió nuevamente a la camilla, durante una buena media hora estuvo desinfectando y curando sus rodillas hasta que por fin las cubrió con un poco de gasa y cinta, “bueno ya estas lista, ten mucho cuidado cuando te bañes y recuerda ponerte la crema que te receté”, la joven asintió, “puedes cambiarte, te aconsejo que por hoy no camines mucho, y algo más”, le dijo el doctor y ella lo observó algo confundida, “qué sucede Inu Taisho sama”, no le había dicho su nombre, pero estaba segura que la mayoría en el pueblo lo llamaba así y no doctor, “muchas gracias por haber protegido a Rin”, la joven se sonrojó y bajo la cabeza, “estoy en deuda contigo Kagome chan”, le dijo en un tono de broma para no hacerla sentir inadecuada o nerviosa, provocando que ella sonría, peor mientras salía del consultorio para dejar que se cambiara tranquila pensaba en cuan importantes eran esas palabras en realidad, tenía una deuda de honor con esa niña, había salvado la vida de uno de los suyos y ahora a él le correspondía velar por ella.
Inu Taisho salió del consultorio y caminó hacia la sala de espera, ahí estaban sus dos hijos y la joven mujer de Inuyasha, “Sesshoumaru”, lo llamó con seriedad, a los pocos minutos ya lo tenía comentándole lo que había sucedido. Inuyasha observaba como su padre hablaba con su hermano mayor mientras que Rin estaba parada en una esquina muy lejos de todos ellos, “no entiendo que hacemos aquí, ya no sabemos que Rin esta bien, no veo la necesidad de estar aquí”, el joven de gorra dio un suspiro, últimamente Kikyou estaba de muy mal humor, “por respeto debemos esperar a que nos digan como se encuentra la humana no crees?”,la pálida joven volteó el rostro de manera testaruda y observó hacia la ventana, el cielo estaba nublado, igual que sus pensamientos, no veía la hora de salir de ese maldito hospital.
“Sesshoumaru, el padre de Kagome me ha pedido de favor que la lleves a su cada, él tiene que atender los asuntos del choque y todo lo que sucedió”, el joven asintió, cuando se trataba de su padre jamás desobedecía una orden. “Dime, ¿la muchacha no sospecha nada?”, Sesshoumaru observó hacia el vacío al escuchar la pregunta de su padre, había cometido una imprudencia. Inu Taisho sonrió sin que su hijo se diera cuenta, era demasiado orgulloso como para aceptar el descuido que había cometido así que simplemente lo dejó pasar, después de todo se notaba que esa joven humana tenía muy buen corazón, nada malo podría salir de lo sucedido.
Kagome terminó de vestirse, salió del consultorio y en lugar de encontrar a su padre como pensaba, se encontró con los tres hermanos y la mujer aquella de la vez anterior. Estaba a punto de saludarlos aunque estaba muy avergonzada, pero Inu Taisho la llamó, la muchacha pasó saliva, tenía que acercarse sino pasaría por una maleducada. “Kagome chan, mi hijo mayor te llevará a tu casa, tu padre me pidió que por favor me asegurara de que llegaras hasta allá sana y salva”, la muchacha acaricio la parte de atrás de su cuello mientras sonreía nerviosa, “no es necesario Inu Taisho sama, yo puedo ir sola, muchas gracias”, el doctor volvió a insistir, pero la muchacha aseguró que estaba todo bien nuevamente, Sesshoumaru levantó una ceja, que tan testaruda podía ser esa humana, “te vas conmigo y punto”, le dijo y la joven sorprendida subió la cabeza, “disculpa?”, le preguntó con rostro desafiante, “he dicho que te vas conmigo mujer, ahora cierra la boca y acompáñame al auto”, con eso sería suficiente, si creía que se podía negar a cumplir una orden suya estaba muy equivocada.
La joven estaba completamente indignada, pasó de salir huyendo de su presencia asqueado, no dirigirle la palabra y hacerle una respetable reverencia llena de agradecimiento a tratarla como si fuese una niña a la que podía mandonear, “no necesito que me lleves a ningún lado, puedo caminar, gracias”, le dijo dándose la media vuelta, con la nariz bien en alto, “agradezco su preocupación Inu Taisho sama, pero yo puedo regresar a casa sola, no esta muy lejos”, le dijo haciendo una reverencia y caminar, demasiado lento para que acreditara lo bien que ella decía que se sentía, pero aún así orgullosa siguió caminando, detestaba que le dijeran que hacer.
Sesshoumaru la observaba incrédulo, era la primera vez en toda su vida que alguien le daba la espalda, una mocosa de diecisiete años le estaba dando la espalda y se negaba a hacer lo que él le había ordenado. Completamente inmutable y con un rostro que no traicionaba ninguna emoción caminó hacia donde estaba la muchacha y la levantó en sus brazos, “vas a ir conmigo y punto”, le dijo caminando sin importarle el movimiento que la muchacha estaba haciendo y todo lo que le estaba diciendo en medio de su rabieta, cosas que iban desde idiota hasta malcriado y testarudo.
El apuesto doctor contuvo la risa hasta ver que su hijo ponía a la muchacha aún ofuscada en el auto y arrancaba alejándose con ella, era la primera vez que alguien retaba a Sesshoumaru, “Inuyasha, regresa a la casa, llévense a Rin con ustedes”, dijo despidiéndose de su hija menor; Inuyasha trató de ser gentil con medio hermana y se acercó tratando de darle la mano, “Rin, vamos a casa”, detrás de él estaba Kikyou observando a la niña como si quisiera aniquilarla, tal vez le serviría para deshacerse de sus frustraciones. La pequeña conocía esa mirada y no pudo evitar temblar inconcientemente, ni siquiera se acercó a su hermano y en menos de un parpadeo había desaparecido del lugar, tal vez si llegaba primero a casa y lograba encerrarse en su cuarto Kikyou no le haría nada.
Kouga estaba patrullando el territorio cuando uno de sus mejores amigos llegó con la noticia de lo sucedido en la escuela privada dónde estaba Kagome. Un gruñido estaba comenzando a formarse en lo más hondo de su garganta, en cada lugar que esos malditos estaban siempre ocurría una desgracia y siempre tenía que ver con uno de ellos, esos infelices que se encargaban solamente de succionarle la vida a cualquier ser vivo solo podían traer desastres y desventuras, ahora habían involucrado en un accidente a Kagome que acababa de llegar. El gruñido finalmente abandonó sus labios y corriendo a toda velocidad se dirigió hacia el norte, iría a ver como estaba Kagome y se aseguraría de cuidarla y alejarla de esos desgraciados.
:O !! muchas gracias a todos los que estan siguiendo mi fic  espero que les guste el cpitulo 4
nos vemos en el proximo  gracias por sus comentarios !
ahh es cierto, por siacaso --> isha = doctor
Editado por Shammy_chan en 16-ene-2009 a las 11:10 .
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