Mikage Realm: Cita.
Kazumi, con el cabello rojizo y largo recogido en una coleta, deslizó el cepillo a través del liso y brillante pelo azul de Hikari, que destellaba con reflejos violáceos. La verdad era que su amiga tenía una cabellera preciosa, que no necesitaba de excesivo arreglo para llamar la atención.
No obstante, la joven no solía cuidar su pelo en absoluto. Y, mucho menos, pedirle a ella que lo hiciera en la hora del recreo.
-De acuerdo, Hikari-chan¿vas a contarme ya lo que ocurre o no?- preguntó, sin dejar de cepillar el cabello oscuro de su amiga.
-¿Lo que ocurre¿Y qué se supone que ocurre?- replicó Hikari con tono distraído.
Kazumi suspiró.
-¿No tendrás una cita o algo parecido?
-¡Auh!
Ante la mención de aquella palabra, Hikari se había girado de improviso, haciendo que el cepillo se le enredara en el pelo. Kazumi la miró, sorprendida.
-¿Con quién?- susurró.
Hikari volvió a colocarse de espaldas a su amiga, instándola a continuar con su tarea. Sin embargo, si Kazumi hubiera puesto la atención suficiente, hubiese podido notar cómo un ligero rubor teñía sus pálidas mejillas.
-No tengo una cita con nadie- replicó.
Kazumi volvió a deslizar el cepillo a través de la cabellera azul de su compañera, dándose cuenta de que ya estaba prácticamente lista.
-Entonces¿a qué vienen tantas ganas de estar perfecta?
Hikari sonrió. Sus ojos azules destellaron. Se trataba de una cuestión de venganza; nada más y nada menos que eso.
“Vista así, tampoco eres tan guapa” había dicho Kengo cuando apareció en su casa “Arréglate un poco, o algo¿no?”
Claro, aquello era muy fácil de decir cuando uno pertenecía a una banda incluida en un estilo musical en el que se daba una gran importancia a la apariencia, peinado y vestimenta que cada miembro lucía. Como vocalista de Mikage Realm, lo más probable era que Kengo dispusiera de maquillador, peluquero y modistas a su disposición, así como de un estilista que le aconsejase, dentro de la estética de la banda y su propio estilo, qué ropa podía o no llevar en cada ocasión.
“¡Desde esa posición, es facilísimo lanzar críticas ofensivas!” se dijo la joven con amargura “¡Pero, ahora, va a enterarse de lo que ocurre cuando me arreglo!”
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-Ha tenido que quedar con alguien. Seguro. Si no, no te habría pedido que la peinaras.
Haruka, con los ojos azules entrecerrados, observaba a Hikari sacar los apuntes y sentarse en su pupitre mientras escuchaba algo en su reproductor mp3, ajena a la conversación que giraba en torno a ella. Su cabello azul brillaba como si fuese de seda, en contraste con el pelo aclarado de su amiga.
-¿Por qué no le preguntas a ella directamente?- terció Kazumi, suspirando- Todo ese asunto del enfado es una tontería, y, por otra parte, te mueres de ganas de obtener información.
Haruka suspiró. Con gesto de resignación, apoyó la cabeza sobre las palmas de sus manos.
-Fue al concierto sin decirnos nada. ¡Tenía entradas!- protestó
-Estoy segura de que te explicará la razón… si le preguntas.
-Estaba en primera fila. ¡Besó a Kengo!
-Kengo la besó a ella, y por casualidad. Hacen ese tipo de cosas por puro Fanservice, mujer.
-Pero Kengo la besó, sea como fuere. ¡Kengo¡Mi Kengo¿Tú sabes lo que habría pagado yo para que…?
-Tú y cualquiera de las que estaban allí- la interrumpió Kazumi, sonriendo- Menos Hikari. ¡Pero si a ella no le gusta Kengo! MiRi le gusta cada vez más, pero no es que se muera por el vocalista, precisamente.
Haruka no respondió. En lugar de eso, se mordió el labio y miró a Hikari por el rabillo del ojo.
-Pero… ¿Con quién habrá quedado?- murmuró de nuevo- Porque tiene que haber quedado con alguien…
Kazumi se encogió de hombros. Sus ojos se pasearon a través de la clase.
-¿Shinji?- propuso.
Haruka miró al muchacho en cuestión, que, tres asientos por detrás de Hikari, no le quitaba los ojos de encima.
-¡Más quisiera él!- bromeó. Sin embargo, tras volver a mirarlo, no pudo menos que considerar la opción- Caramba con el chico… Tiene que ser él.
O que Haruka no suponía era que estaba totalmente equivocada.
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18:15pm
Hikari observó su reloj de pulsera como, si por lanzarle miradas asesinas, el tiempo fuera a correr más despacio.
Aquello era típico de Kengo. Totalmente. Ella se había pasado la mayoría de la tarde pensando qué ponerse para hacer retirar sus palabras al joven vocalista. Luego había, literalmente, salido corriendo para no llegar tarde a la cafetería en la que habían quedado. Y, ahora¿qué ocurría con Kengo?
Por una misteriosa casualidad, llegaba tarde. Quince minutos, para ser exacta.
Al ver que su acompañante no llegaba a la hora, Hikari se había sentado en una de las mesas de la terraza y había pedido un batido. Estar allí, sola, resultaba un poco triste, pero, al menos, era mejor que esperar de pie.
Hastiada, la joven dio un sorbo a su bebida. Si Kengo no aparecía dentro de cinco minutos, se iría a casa, con disco firmado para Haruka o sin él.
-¡Eh¡Hikari-chan!- sonó una voz conocida entonces, como conjurada por los mismos pensamientos de la muchacha.
Kengo se acercaba, con paso excesivamente tranquilo para llegar casi veinte minutos tarde. Al contrario que el día que se personó en su casa para reclamar su sudadera, el joven no llevaba uno de los complicados diseños de vestuario que solía lucir en videoclips, conciertos y sesiones fotográficas. No se podía negar que no iba vestido, precisamente, de modo discreto, pero, al menos, aquello no lo hacía parecer el vocalista de una banda de Visual kei huido del escenario.
Sin embargo, llevaba la enmarañada peluca negra sobre su propio pelo teñido. Una peluca que no le servía absolutamente de nada, ya que aún no era lo suficientemente conocido como para que lo reconocieran habitualmente por las calles fuera del ambiente por el que solía moverse.
Hikari suspiró. Era Kengo. Era un payaso. ¿Qué se podía esperar de él¿Qué no llamase la atención? Era como pedirle que echase a volar sacudiendo los brazos.
-¡Hola!- saludó el joven entonces, llegando a su lado y sentándose sobre una silla localizada enfrente de la de Hikari- Al final sí que has venido, por lo que parece.
-Llevo veinte minutos aquí sentada, esperando a Su Alteza Real- terció su interlocutora en tono exasperado.
Kengo se encogió de hombros, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
-Estoy ocupado. Normalmente, tengo muchísimas cosas que hacer- su entonación varió hasta hacerse neutra, como la de un niño que habla de los deberes del colegio- Entrevistas con el manager, con la productora y la discográfica, obre un CD de larga duración. Con el estilista, sobre mi nuevo corte de pelo… Ha sido un día mortal. Y luego, había que ensayar…
…y tenerme a mí esperando, claro- lo interrumpió Hikari, que dio un nuevo sorbo a su batido para desahogar su mal humor.
Kengo suspiró, con una apariencia entre agotada y divertida. Apoyando la barbilla sobre la palma extendida de su mano, miró a su acompañante con sus enormes ojos negros.
-¿Tú sabes lo ajetreada que puede ser la vida de un músico profesional, aunque aún esté fichado por una discográfica independiente?- sin poder evitarlo, esbozó una sonrisita burlona- No, claro que no lo sabes.
-Gracias a alguien que yo me sé- susurró Hikari con ironía.
Kengo se encogió de hombros.
-La vida da unos golpes terribles…
-¡Pero si fuiste tú!
Kengo pareció querer aguantarse, pero no pudo evitar echarse a reír con ganas mientras Hikari le lanzaba una mirada asesina.
Tras decidir que era mejor compensar a Haruka con cualquier otra cosa, la muchacha hizo un intento de levantarse. Entonces, y sólo entonces, consiguió Kengo serenarse y detenerla.
-¡Espera, mujer, por dios! Por lo menos, hasta que te dé el disco, ya que te lo he traído.
Antes de que Hikari pudiera dar un paso más, el joven vocalista había sacado la caja que contenía el nuevo single de Mikage Realm en edición limitada con DVD.
-Con lo que me ha costado encontrar un rato en semejante día para que todos los otros me lo firmen…- comentó, abriendo la caja- En la cubierta, en el libreto, sobre el disco y en el mini-póster que viene. ¿Está bien así?
Hikari volvió a dejarse caer en la silla con pesadez. La sonrisa de autocomplacencia que brillaba en el rostro de Kengo demostraba que el joven sabía que, de momento, había ganado.
-Sí, creo que está bien.
Las firmas de los cinco integrantes de la banda, cada una firmada a un color, resaltaban sobre la blanca superficie del disco compacto. Tanto en el libreto como en el mini-póster, no obstante, aparecían junto al nombre y la foto de cada integrante: Satoshi, batería; Shuu, bajista; Gary e Brendan, guitarristas. Kengo, vocalista.
A Haruka le encantaría. Esta vez, Kengo se había portado espléndidamente bien.
Y, a juzgar por su expresión, él lo sabía.
-Por cierto, Hikari-chan- el chico volvió a concentrarse en buscar algo en su mochila- Toma.
La joven observó con sorpresa otra copia del single de Fying High en edición limitada, también firmado por todos los miembros de Mikage Realm. La principal diferencia radicaba en que, esta vez, no era el nombre de Haruka el que aparecía en las dedicatorias, sino el suyo propio: Daidouji Hikari.
Confundida, la joven alzó la mirada hacia su acompañante. La sonrisa de éste se ensanchó, a la vez que sus ojos, negro, relucían como riendo alguna clase de chiste.
-Cuando te vi en la tienda, llevabas dos discos- el rostro de Kengo adoptó una expresión sumamente inocente, que contrastaba con el brillo divertido de su mirada- ¿No era para ti el otro?
Hikari maldijo su nueva derrota entre dientes. Sin embargo, no dejaría que Kengo se diera cuenta de que ésta era total.
-Es que Satoshi es una monada…- susurró.
-¿Satoshi?
Hikari alzó la cabeza para ver cómo la mueca de victoria de Kengo mutaba en una expresión de sorpresa absoluta. Anotándose un punto, la muchacha guardó el single en su bolso y sonrió.
-Ya te he dicho que yo no soy fan tuya- repitió.
Kengo no respondió. Su mano recorrió el flequillo de la peluca que llevaba en un movimiento involuntario.
Después, se echó a reír.
-¡Dios mío, no sé que tenéis las chicas de este país por los chicos bajitos vestidos con faldas! Supongo que será el factor de que son como muñecos monísimos… ¡Pero es que tiene más belleza femenina que muchas mujeres, caray! En fin… ¿y no quieres que te lo presente?- preguntó con una sonrisa inocente.
Hikari se quedó de piedra. Su primer pensamiento fue que Kengo bromeaba, y que, fuera cual fuera su respuesta, el joven se anotaría un punto.
-¿Y eso¿Por qué eres ahora tan amable?
-¿Amable? Hikari-chan¡yo siempre soy amable!
La joven miró a su compañero de mesa enarcando una ceja, pero él pareció no percatarse. En lugar de eso, había echado mano del batido a medio terminar de Hikari y parecía tremendamente ocupado en vaciar el vaso.
-¡ye!
-¿Qué¡Te pondrás gorda si te lo bebes entero!
-Podías haber pedido permiso…
Kengo se encogió de hombros y depositó el vaso vacío sobre la mesa, haciendo después un gesto al camarero para que trajera la cuenta.
Después, se volvió hacia Hikari.
-Como iba diciendo…- prosiguió- Soy tan amable que te presentaré a Satoshi… y puede que te enseñe la discográfica. ¿No es genial?
El camarero se acercó a la mesa trayendo la cuenta, que Kengo recogió como si fuese dirigida a él. Tras echar un vistazo al contenido, entregó varias monedas al empleado y lo despidió con un gesto.
-¿Ves? Así no puedes quejarte- comentó- Si hubiera esto con todo el mundo, no tendría dinero ni para comer. En este país, se cobra realmente poco por estar fichado en un sello independiente¿sabías?
-¿Qué quieres?
Hikari formuló su pregunta en un susurro, pero con voz firme. Estaba segurísima de que aquel alarde de amabilidad por parte de Kengo no le saldría gratis.
No iba con su estilo.
-¿Uh?
-¡Vamos! Primero, arruinas mi supuesta carrera musical, y, después, me presentas a la banda y me invitas a batido¿no¡No es normal!
-¡Caro que sí!- replicó Kengo, haciendo un mohín- Sólo me sentía mal por haberte hecho esperar…- añadió en tono bajo. Sus ojos relucieron con un brillo dolido.
Hikari suspiró y se mordió el labio. No sabía si creérselo o no. Quizá, esa vez, el joven sí que estuviera diciendo la verdad.
-Vale, está bien, lo siento.- se disculpó.
Kengo volvió a esbozar su sonrisa brillante.
-No te preocupes, Hikari-chan, estoy acostumbrado, no hace falta que te sientas culpable- de un salto, el muchacho se levantó de su silla, instando a su acompañante a imitarlo.- Aunque, si quieres disculparte con muchas ganas, siempre podrías acompañarme a un sitio…
Si las miradas matasen, Kengo hubiera caído fulminado en aquel momento.
-¡Así que sí que querías algo a cambio! Serás…
-…Listo, Hikari-chan, eso es lo que soy- murmuró el joven cuando ella no podía oírlo.
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-¿Qué se supone que vienes tú a hacer aquí?- preguntó Hikari, avanzando a través de la calle.
El lugar al cual el joven la había hecho acompañarlo era, nada más y nada menos, un barrio residencial de clase media-baja, llena de casas minúsculas y comprimidos apartamentos. La calle estaba vacía, y las tiendas que se veían aquí y allá tampoco estaban excesivamente concurridas.
Sinceramente, aquel era el último lugar en el que Hikari hubiese esperado aparecer.
-Kengo¿a dónde vamos?- volvió a preguntar la chica. Sin embargo, y, al parecer, hablaba con el aire. El joven se había esfumado- ¡Kengo!
Al girarse, pudo ver que el vocalista caminaba tras ella, al parecer, con la vista fija en la propia Hikari.
-¿Se puede saber qué haces?
Kengo simplemente parpadeó y se acercó corriendo a ella.
-¿Te has hecho algo en el pelo?- preguntó- Brilla más¿no?
“Y ahora te das cuenta…” gruñó Hikari para sus adentros.
-Bueno…- Kengo se echó a reír. Se quitó la peluca de un tirón, dejando al descubierto su propio cabello - El pelo es importante, pero cepillarlo no es todo: hay que llevar un corte que favorezca más que ese estilo de cuarentona que llevas. Además¿de dónde sacas esa ropa que llevas¡Es demasiado clásica, demasiado formal! Eres joven… ¿seguro que es eso lo que quieres llevar?
-¡E… es todo lo que me dejan llevar, imbécil¡Todo lo que mi padre me deja comprarme!
-Seguro que no has pisado Harajuku ni una vez en tu vida. ¡Irás a comprar con mamá a unos grandes almacenes antidiluvianos¡Bah¡Como una vieja!- bromeó Kengo. Sin embargo, el brillo en su mirada daba a entender que esperaba tener razón.
Y lo peor era que la tenía.
-¡Ni que la ropa fuera tan importante¡Narcisista!
-¿Qué demonios sabrás tú de narcisismo, andrajosa?- continuó el vocalista, que a duras penas podía contener la risa.
Hikari no respondió. Continuó adelante, sin mirar a Kengo, que seguía intentando aguantar una muy posible lluvia de carcajadas.
Estaba harta de él y de su carácter de crío malcriado, egocéntrico y narcisista. Totalmente.
No pensaba volver a quedar en ridículo delante de él como una imbécil. No volvería a…
-¡Hikari-chan¿A dónde vas caminando tú sola¡Es aquí!
…hacer ninguna tontería delante de él.
Hikari suspiró. Estaba visto que aquello no tenía solución. Con un nuevo suspiro, se volvió hacia Kengo.
-¿Qué… qué se supone que hacemos aquí?- preguntó entonces, sorprendida- ¿Vives aquí? O tu familia, o algún amigo. Porque, si no…
“…no lo entiendo”
Estaban ante un edificio de apartamentos de cuatro pisos. Una construcción totalmente normal, en un barrio perfectamente normal.
¿Para qué la había traído Kengo allí?
-Hikari-chan, espérame aquí, anda- pidió el joven entonces- Subo un momento, y, cuando baje, ya podemos volver.
-¿¡Qué!?- la muchacha parpadeó, sorprendida- Pero…
-¡Ahora vengo!
Para cuando quiso abrir la boca, Kengo ya había desaparecido en el descansillo de la escalera, así que Hikari se resignó a esperar y llegar a la conclusión de que todo aquel asunto escapaba a su comprensión.
Dentro del edificio, se oían ecos de pasos. Pausa. Un timbre al sonar. Y, entonces, una exclamación ahogada y la voz de Kengo, pronunciando palabras que, hasta el portal, sólo llegaban como un susurro indescifrable.
“Seguro que se dedica a atracar pisos y quiere que la policía me pille a mí” pensó Hikari con ironía.
Pero, sin embargo, sentía curiosidad.
Por puro impulso, comenzó a moverse, entrando al edificio y subiendo los escalones con cuidado. En el rellano del segundo piso, estaba Kengo, hablando con una joven incluso menor que ella, completamente ruborizada y con un disco firmado en las manos.
Kengo estaba hablando, pero Hikari sólo llegó a escuchar sus últimas palabras.
-…ni siquiera eso merece la pena.
La expresión de su rostro, normalmente alegre o despreocupada, era una máscara impenetrable, pero Hikari podía decir que tenía cierto aire… triste.
-Pero, Kengo-sama¡yo soy fan tuya¡La número uno¡Tuya y de MiRi!- replicó entonces la chica.
El joven sonrió.
-Entonces, invítala a venir a nuestro próximo concierto.
Hikari, desde la escalera, parpadeó, absolutamente estupefacta.
“¿Se puede saber qué pasa aquí?”