Mikage Realm: Uta
-¡De verdad, Hikari-chan, lo siento!
-Es todo culpa de Kengo. Es un idiota.
Hikari suspiró y asintió. No podía hacer nada para solucionar el daño ya hecho, así que lo único que le quedaba era resignarse.
Frente a ella se hallaban Brendan y Satoshi, los dos vestidos con los trajes a juego de la sesión de fotos; los dos vestidos y maquillados de modo profesional. Gary había pasado a saludarla, pero, al parecer, tenía una cita importante, así que ya se había ido. Shuu no estaba.
Kengo, tampoco.
-Se le olvidó decirte que vinieras después de comer. No te llamó. Es que los de la discográfica decidieron hacer un especial fotográfico de Kengo y Shuu para otra revista a última hora. Había que hacer las fotos hoy, y se le olvidó…
-¿…olvidó? Satoshi, eres demasiado inocente.
-¡Oh, venga¡Kengo-kun tiene su lado bueno!
Hikari no se sumó a la discusión que, animadamente Satoshi e inexpresivamente Brendan, libraban los dos compañeros. Sin embargo, no podía evitar pensar que el segundo guitarrista llevaba la razón sobre el batería.
Si Kengo la hubiera llamado para avisarla de que no estaría disponible hasta después de comer, ella hubiera podido acudir a las primeras horas de clases en vez de saltarse el día completo. Y la verdad era que hubiese estado mucho más entretenida escuchando las disertaciones de sus profesores que sentada en una silla en la sala de espera de la discográfica, con la única compañía de su reproductor mp3. Pero, claro, a Kengo se le había olvidado llamarla. ¿Por qué aquello no la sorprendía en absoluto?
Al menos, había estado escuchando mucha música del mismo género últimamente; con grupos, por ejemplo, como los propios Mikage Realm, o Shuutenshi no Uta, la banda en la que el primo de Satoshi tocaba la guitarra- y, al parecer, en la que el hermano del primo en cuestión tocaba el bajo.
Sin comerlo ni beberlo, se estaba sintiendo cada vez más atraída por un estilo musical en el que antes no se había fijado demasiado. Y aún quería escuchar más: más buena música, más buenas voces. Auque, por desgracia, aún no había encontrado ninguna que pudiera comprarse a la de Kengo.
-¿Cuándo se supone que va a venir?- preguntó Hikari en voz alta, cortando la discusión sobre si el vocalista tenía lado bueno o carecía de él por completo.
-¿Kengo-kun? Pues no lo sé- Satoshi esbozó una sonrisa encantadora, sin rasgo alguno de malicia- ¡Pero me ha mandado que te saque a comer! Y también se lo ha dicho a Brendan-kun…
-A mí Kengo no me da órdenes- lo interrumpió Brendan en tono neutro.
-¡Pero has dicho que vendrías!- protestó Satoshi- ¿No lo harás?- cuando el guitarrista rítmico se encogió de hombros, Satoshi volvió a sonreír- Hay un sitio genial por aquí cerca. Van a comer cantantes de la discográfica. ¡Y algunos visten ropa de mi línea! Bueno, mía y de mi primo Kiku, claro. ¿Y si vamos allí?
-Bueno, vale- asintió Hikari.
-Entonces, espera un segundo aquí, que vamos a cambiarnos.
Satoshi salió prácticamente corriendo, estando a punto de caer al suelo en varias ocasiones, seguido de Brendan, que caminaba más lentamente. Momentos después, ambos se habían perdido tras un pasillo.
Hikari suspiró. El menudo batería, como Kengo, tenía un cierto carácter de niño grande- aunque se podía decir que el vocalista lo tenía algo más camuflado. Sin embargo, y a diferencia de éste, Satoshi no tenía maldad alguna, sino que era simple y transparente como un crío. Y el hecho de que se vistiese y peinase de modo claramente femenino sólo contribuía a potenciar ese factor.
Brendan, por su parte, tenía facciones aniñadas y era de escasa estatura- quizá era uno o dos centímetros mayor que Kengo, que no era precisamente alto. A primera vista, parecía un muchacho, aunque Hikari estaba segura de que superaba la veintena por más de uno o dos años. El choque entre su rostro angelical y sus expresiones ambiguas, serias y hasta malhumoradas era lo que lo hacía tan popular entre sus fans. Cierto era que no hablaba mucho, pero, al menos, no trataba de ridiculizarla y divertirse a su costa como Kengo.
Si tenía que ser sincera, cualquiera era mejor compañía, así que no tendría que molestarse porque no estuviese presente.
Entre aquellos pensamientos andaba cuando Satoshi y Brendan volvieron. Ambos, en especial el batería, que volvía a llevar uno de sus elaborados vestidos de Wa Lolita, seguían vestidos con un estilo propio y llamativo, pero éste era más informal, ya que se trataba de ropa de calle, y no de escenario.
-¿Vamos?- preguntó Satoshi al llegar a su lado.
Cuando Hikari asintió, los tres jóvenes se encaminaron a la puerta de salida del edificio de String Records.
La muchacha no podía quejarse esta vez. Al menos, pasaría mejor rato que estando con Kengo.
--------------------------------------------------------------------------------
-Y aquí el despacho del señor Wakamine, el presidente. Él es el que hace los contratos.
Sonriendo, Kengo señaló hacia una puerta cerrada sobre la que estaba colgado un enorme rótulo. Después, guió a Hikari y a los demás a través del amoquetado pasillo hasta llegar a un tramo de escaleras. Tras bajar dos pisos, continuó su camino hasta llegar a una nueva habitación, dividida en dos partes.
-Esto es el estudio de grabación- explicó- Bueno, en realidad, es solamente uno pequeño, para emergencias. Los estudios más grandes están en un edificio aparte. Pero lo importante es que en la zona acolchada se coloca el cantante que vaya a grabar; en la parte con la mesa de mezclas, los técnicos. Cuando vamos a grabar una canción para una banda, se hacen por separado las pistas de voz y de música. Vamos, que ellos- Kengo señaló a Shuu, Brendan y Satoshi- graban primero la parte instrumental y luego entro yo solo a cantar. ¿A que es curioso, Hikari-chan? De todas formas, y como ya te he dicho, este estudio no es muy bueno. Nosotros no grabamos aquí.
El tour de Kengo, que ni siquiera se había disculpado por retrasarse más de lo necesario hace unas horas, continuó su curso, atravesando estudios fotográficos, oficinas y salas de descanso para los músicos. Al detenerse en una de éstas, una sonriente empleada tendió a los miembros de Mikage Realm una caja llena a rebosar de cartas.
-El fanmail de hoy- explicó.
Brendan se encargó de llevar el correo mientras Kengo, que parecía mucho más contento que segundos atrás, continuaba con la visita.
Finalmente, y tras un largo rato de trasiego, el joven se detuvo en la sala principal de la planta baja.
-Y bien, Hikari-chan¿qué te ha parecido?- preguntó, lleno de satisfacción ante sus habilidades como guía.
-Impresionante- respondió ella con sinceridad.
-Lástima que no puedas trabajar aquí¿verdad?- susurró Kengo con tono malicioso.
-¿Gracias a quién será eso?- replicó Hikari con sorna.
-¿Tu destino¿Tu Karma¡Quién sabe!- dijo Kengo con un falso tono inocente- Quizá el que no quiera que cantes sea un dios maligno…
“…llamado Kengo” gruñó Hikari para sí “Salvo que no es un dios, sino un mortal de baja estatura”
-Haz caso de tu destino, Hikari-chan- canturreaba el joven con tono alegre.
El primer impulso de Hikari fue el de fulminar a Kengo con la mirada. Después, no obstante, la chica decidió tragarse su mal humor y probar suerte de nuevo.
-Kengo, por favor¿no podrías volver a hablar con ellos?- preguntó en tono suplicante.
El vocalista se giró hacia ella con una media sonrisa bailándole en los labios.
-¿Con qué ellos?
-Con los de la discográfica- aclaró Hikari con voz nerviosa- Les hablaste mal de mí¿no? No me cogieron en la audición. Me tienen fichada como mal partido por lo que tú dijiste¿no es cierto¿No podrías… hacer algo al respecto?
Kengo esbozó su ya clásica sonrisa inocente, arrebatadora y diabólica al mismo tiempo. Se acercó más a Hikari y clavó en ella sus asombrosos ojos negros.
-Manchaste mi sudadera blanca favorita de chocolate- murmuró con voz aterciopelada- Y aún la tienes en tu casa.
-Me dijiste que me la quedara, pero… ¡Te juro que te la devolveré¡No la quiero para nada!- protestó Hikari, retrocediendo instintivamente.
-Oh, ya es tarde- canturreó Kengo- Me he comprado otra igual.
Hikari iba a responder, a tratar de suplicar, contra sus principios, tanto como estuviese en sus manos hacer, pero tuvo que detenerse cuando Satoshi y Shuu, que estaban hablando aparte, se acercaron desde atrás.
Mirando con curiosidad a la joven, el batería tomó la palabra.
-¿Vamos a ir a alguna parte, chicos?
Hikari decidió ignorar la cuestión. Miró a Kengo a los ojos, trató de hacerlo comprender.
-Quiero cantar- dijo.
El vocalista la miró inquisitivamente durante un momento. Luego, sonrió.
-¡Ya habéis oído, chicos!- declaró en voz alta para los otros tres miembros de la banda que estaban allí- ¡Hikari-chan quiere ir al karaoke!
--------------------------------------------------------------------------------
-¡Mirad, tienen canciones nuestras!- exclamó Satoshi, que enarbolaba el mando de selección de música- ¡Qué buena idea ha sido venir a una sala de karaoke en la que tengan una selección de canciones de bandas independientes!
-¡Ahí va! A ver, déjame echar un vistazo.
Kengo se acercó a la pantalla en la que aparecía la lista de música con la expectación de un crío de once años.
-Eh, mira, está Dark Heaven. ¡Ponla, anda! Yo quiero cantarla.
-Pero, Kengo-kun, si la cantas siempre…
-¡No la he cantado nunca en un karaoke! Me hace sentir importante saber que se me conoce.
-¡Es verdad! Pero en un karaoke puedo cantar también yo¿verdad¡Yo quiero cantar!
-Pero… yo canto mejor, Satoshi-kun. ¿Y si me estropeas la canción?
-¡Venga, no seas malo¡Tú la cantas siempre, y yo soy tu mejor amigo¡No monopolices el micrófono y déjame as mí también!
-Bueno… cantémosla juntos por esta vez- con gesto resignado, Kengo le tendió el segundo micrófono a Satoshi, que lo cogió dando un salto de alegría- Pero ni se te ocurra estropearla¿me oyes?
-¡Vale!- el batería pulsó el botón de inicio y los acordes de la conocida canción llenaron la sala.
-Son como dos niños- comentó Shuu, volviéndose hacia Hikari.
La muchacha asintió, observando de hito en hito a los dos amigos cantar su propia canción con un entusiasmo inusitado. Definitivamente, aquel era un lado de Kengo que nunca había acabado de ver del todo, aunque, por alguna razón, no le sorprendía del todo.
- Son dos niños tontos- gruñó Brendan con voz queda- Quizá por eso se llevan tan bien.
-Venga, Brendan, si en el fondo los aprecias- bromeó Shuu.
El guitarrista rítmico bufó, se cruzó de brazos y se sentó en uno de los sillones de la sala, observando, no obstante, el duelo con atención. Shuu, al verlo, se encogió de hombros.
-Estoy en el grupo con una panda de locos- repuso. Con una media sonrisa, se volvió hacia Hikari- ¿Vienes a sentarte… antes de que Satoshi-kun te destroce los oídos?- añadió, a modo de broma, cuando el batería entonó una estrofa de modo especialmente disonante.
La joven asintió y esperó a que se acabase la canción charlando en voz baja con Shuu. Cuando la música se apagó totalmente, los dos cantantes se miraron y se echaron a reír.
-Me duelen los tímpanos- declaró Kengo, palmeando la cabeza de Satoshi.
-¡Kengo-kun! Yo toco la batería muy bien, y también la guitarra¡y el piano¡No puedo hacerlo todo perfectamente¡Sería terriblemente antinatural!- se quejó éste en tono lastimero.
-¡Pero si tampoco sabes tocar la guitarra!- bromeó Shuu.- Lo del piano te lo paso, pero…
Desde detrás de Satoshi, que, al oír el comentario, había adoptado una expresión herida, Kengo alzó el segundo micrófono, esbozando una sonrisa divertida.
-Voy a volver a poner el modo para dos personas. ¿Quién quiere cantar Flying High conmigo?- preguntó alegremente- ¿Shuu-kun¿Brendan¿Hikari-chan?
-¿…Hikari?- propuso Shuu.
-¡Sí, Hikari-chan¡Que cante Hikari-chan!
-¿Por qué no?- murmuró Brendan, casi para sí.
Sintiéndose acorralada, la muchacha suspiró. Ante las miradas expectantes de todos, se levantó, se acercó a Kengo y cogió el micrófono en la mano.
Al contrario que hace un rato, cuando había propuesto su nombre, no había malicia en los ojos negros del joven vocalista. Como cuando lo había visto, al principio del concierto al que acudió, parecía, simple y llanamente, feliz de estar cantando.
-¡Fying High!- exclamó, encantado, cuando el primer acorde musical inundó la sala.
La melodía comenzó a sonar en toda su intensidad mientras, en el vídeo musical de atrás se veía a Gary inclinado sobre su guitarra, rasgando las cuerdas. Poco después, la letra comenzó a aparecer.
Según el modo que Kengo y Satoshi habían escogido para Dark Heaven, y que seguía vigente en la segunda canción, cada cantante debía entonar parte de la pieza, por separado. También había otras partes, como los estribillos, los puentes y alguna estrofa, en las que las dos voces debían unirse.
Kengo comenzó a cantar su parte, sin mirar la letra que, obviamente, se sabía de memoria. Su voz era clara, potente y aterciopelada a la vez, como siempre; era incluso mejor de cómo Hikari la recordaba.
Poco después le llegaba el turno a ella.
“Ya que estoy aquí…”
Esta vez, la muchacha sí que se sabía la letra. Sin ni siquiera mirar la pantalla, comenzó con su parte. No fue difícil hallar el tono, ni mantenerlo. Flying High le gustaba, y la había escuchado mil veces. Hubiera sido capaz de cantarla en cualquier situación. Todos la estaban mirando con los ojos muy abiertos, pero ella no se dio ni cuenta. Sólo cantar importaba.
Cuando llegó el estribillo y Kengo se unió a ella, la voz de Hikari no se apagó como en los castings en los que él había aparecido para hundirle la carrera. Lo que es más, ni siquiera logró ensombrecer su actuación.
Los dos tonos simplemente se mezclaron, como si hubieran nacido para estar juntos.
--------------------------------------------------------------------------------
-No está mal.
La queda observación de Brendan fue el preludio del aluvión de felicitaciones por parte de Satoshi y Shuu que llenaron la sala privada de karaoke.
-¡Ha sido fantástico, Hikari-chan¡Quedas genial con Kengo-kun!
-No me lo esperaba. Cantas muy bien.
-¿Sólo bien¡Me ha encantado¡Lo has hecho mucho mejor que yo¿Verdad, Kengo-kun?
El joven, que había perdido la sonrisa, como preocupado por algo, se encogió de hombros.
-Tampoco es para tanto- dijo, sin embargo, en tono divertido- Llegaría a ganar un concurso de karaoke navideño con su familia, pero más… el mundo de la música es muy competitivo, ya sabéis.
Hikari, sentada entre Brendan y Shuu, había estado demasiado contenta con los halagos como para empezar una discusión. Sin embargo, no pudo contenerse.
-Ah, claro, sobre todo si estás tú en medio.
Shuu miró a Kengo enarcando una ceja. Brendan giró levemente la cabeza hacia él. Satoshi miró confundido a su alrededor, sin comprender del todo.
-Oh, venga, Hikari-chan, la vida es dura, y tú no destacabas tanto entre las otras- replicó Kengo antes de que ella pudiera decir algo más- ¡Yo no tuve nada que ver¡No tengo la culpa!
-¿Decir que yo no valgo es no tener nada que ver? Entonces¿qué se supone que es tener algo que ver?
Kengo no respondió. Sus ojos recorrieron los rostros de los otros miembros del grupo, que lo miraban entre interrogativa y acusadoramente.
-Si hubiese querido tener algo que ver, la cosa hubiera sido mucho peor- replicó, sin borrar la sonrisa de su rostro.
Hikari lanzó un resoplido desdeñoso digno del mismísimo Brendan.
-¿Es que no lo ves?- repuso Kengo, mirando aún a sus compañeros de grupo con aire preocupado- ¡Hay que ver lo desagradecida que eres, mujer! Te he traído aquí, te he enseñado la discográfica, te he presentado a los demás, y tú…
Hikari entornó los ojos azules y fulminó a Kengo con la mirada.
-¿Volverás a decirme que es trato preferente o algo así?- le espetó- Yo no te he pedido que me enseñes nada, ni que me presentes a nadie. ¡Lo único que quiero es que me dejes cantar!
Kengo iba a responder algo, pero, volviendo a mirar a su alrededor, finalmente optó por guardar silencio. Tras imitarlo, Hikari descubrió por qué: los ojos de todos, incluyendo los del despistado Satoshi, se hallaban fijos en el joven vocalista.
-¡No me miréis así!- protestó éste- ¿Sabíais que es absolutamente incómodo?
Observándolo con dureza, fue Shuu quien tomó la palabra.
-Por todos los santos, Kengo. ¿Se puede saber qué demonios has hecho ahora?