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Cuando este muñeco deje de reir nuestro amor dejará de existir

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Dejaré este corto de Halloween aquí^^
El sol se pone en el horizonte poco a poco oscureciendo las solitarias calles de la ciudad, las tristes farolas empiezan a dar su débil e inútil luz. La luna comienza a salir y su luz junto con la de las farolas, provocan las sombras de la noche. El silencio domina todas las calles y callejones, penetras en uno de esos hinóspitos y olvidados lugares.
Mezclado con el silencio, un pequeño sonido se hace escuchar, te acercas a él cada vez más, ahora se oye más fuerte. Afirmas que son pasos, alguien camina por allí, por ese lúgubre callejón. Son pasos ligeros; una mujer. De repente los pasos son más rápidos; está corriendo. Corre más y más, está huyendo de algo, pero no sabes quien o qué es.
Te acercas a ella, corres a su lado sin que se dé cuenta, decides mirar atrás, ¿quién la está persiguiendo? Sin embargo, a vuestras espaldas el callejón lleno de penumbras está vacío. La cara de la mujer está realmente pálida, corre desesperada hacia ninguna parte. La sigues, tu curiosidad es inmensa, no puedes controlarla.
Se detiene, y la imitas, está cansada. Su respiración agitada se escucha por todas partes, su desesperación es casi palpable. Se oye algo a tus espaldas, volteas a ver en el acto, pero no hay nada, solo oscuridad y tinieblas. Diriges tu mirada de nuevo a la mujer, entonces tu cuerpo queda petrificado, empiezas a ponerte nervioso y tu respiración se agita, ante tus ojos sucede la mayor de las escenas horripilantes.
Un grito de horror inunda la ciudad, y se ahoga de igual forma, pero no es tuyo. La sangre empieza a derramarse, los colmillos se incrustan cada vez más en el cuello de la mujer, una persona la está sujetando, no le ves la cara pero su cuerpo esqulético es repugnante. Ella se resiste, pero poco puede hacer, siente esos odiosos dientes caninos atravesar su carne, y sabe que morirá.
Tienes miedo, pero no huyes, quieres seguir mirando. El miedo no es el único sentimiento que tienes; atracción, sí, te sientes atraído. Puedes sentir los gemidos de la mujer, su agobio, su terror ante la muerte. La respiración se corta por momentos, los gemidos cesan y puedes sentir un vacío, su corazón a dejado de latir.
El cuerpo inerte cae al suelo, y el polvo se levanta. El callejón ahora lleno de una extraña neblina, se inunda de un silencio asolador. El causante de aquella muerte se relame con gusto el líquido viscoso que hay en sus labios. Aun no sabes quien es, caminas a su alrededor para saberlo. Estás en frente de él, y el miedo se apodera de tí. Pero no es su rostro pálido y tétrico manchado de sangre lo que te asusta, sino ver que ese ser despiadado eres tú mismo.
El sol se pone en el horizonte poco a poco oscureciendo las solitarias calles de la ciudad, las tristes farolas empiezan a dar su débil e inútil luz. La luna comienza a salir y su luz junto con la de las farolas, provocan las sombras de la noche. El silencio domina todas las calles y callejones, penetras en uno de esos hinóspitos y olvidados lugares.
Mezclado con el silencio, un pequeño sonido se hace escuchar, te acercas a él cada vez más, ahora se oye más fuerte. Afirmas que son pasos, alguien camina por allí, por ese lúgubre callejón. Son pasos ligeros; una mujer. De repente los pasos son más rápidos; está corriendo. Corre más y más, está huyendo de algo, pero no sabes quien o qué es.
Te acercas a ella, corres a su lado sin que se dé cuenta, decides mirar atrás, ¿quién la está persiguiendo? Sin embargo, a vuestras espaldas el callejón lleno de penumbras está vacío. La cara de la mujer está realmente pálida, corre desesperada hacia ninguna parte. La sigues, tu curiosidad es inmensa, no puedes controlarla.
Se detiene, y la imitas, está cansada. Su respiración agitada se escucha por todas partes, su desesperación es casi palpable. Se oye algo a tus espaldas, volteas a ver en el acto, pero no hay nada, solo oscuridad y tinieblas. Diriges tu mirada de nuevo a la mujer, entonces tu cuerpo queda petrificado, empiezas a ponerte nervioso y tu respiración se agita, ante tus ojos sucede la mayor de las escenas horripilantes.
Un grito de horror inunda la ciudad, y se ahoga de igual forma, pero no es tuyo. La sangre empieza a derramarse, los colmillos se incrustan cada vez más en el cuello de la mujer, una persona la está sujetando, no le ves la cara pero su cuerpo esqulético es repugnante. Ella se resiste, pero poco puede hacer, siente esos odiosos dientes caninos atravesar su carne, y sabe que morirá.
Tienes miedo, pero no huyes, quieres seguir mirando. El miedo no es el único sentimiento que tienes; atracción, sí, te sientes atraído. Puedes sentir los gemidos de la mujer, su agobio, su terror ante la muerte. La respiración se corta por momentos, los gemidos cesan y puedes sentir un vacío, su corazón a dejado de latir.
El cuerpo inerte cae al suelo, y el polvo se levanta. El callejón ahora lleno de una extraña neblina, se inunda de un silencio asolador. El causante de aquella muerte se relame con gusto el líquido viscoso que hay en sus labios. Aun no sabes quien es, caminas a su alrededor para saberlo. Estás en frente de él, y el miedo se apodera de tí. Pero no es su rostro pálido y tétrico manchado de sangre lo que te asusta, sino ver que ese ser despiadado eres tú mismo.

. Gusto en conocerte 









